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Proyecto Challacó IV (CH-IV) – «Un cohete en el espacio»

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UNA PEQUEÑA HISTORIA, “un cohete en el espacio”

Mi memoria recuerda momentos vi­vidos en Challacó, aquel lugar mágico que aglutinó a ocho promociones de estudiantes de diversos lugares del país y de los más variados estratos sociales. Llegué a Challacó el día 29 de marzo de 1965, donde me en­contré con otros 40 chicos más, la mayoría de la zona del Alto Valle. Dentro del grupo de noveles estudiantes universitarios, me encontré con compañeros de la escuela se­cundaria, quienes fueron durante los prime­ros tiempos de Challacó, con quienes más cómodo me sentía en las rela­ciones. Con el tiempo fui conociendo a los demás y fui armando lazos de amistad mucho más fuertes que con aquellos que ya cono­cía. Así fue pasando el tiempo, asistiendo a clase, rindiendo parcia­les y finales, conociendo cada vez más y mejor a los compañeros, lo que me llevo a ir modificando el mapa de mis amigos.

El año 1966 tuve que cumplir con mis deberes Incorporándome a la «Colimba». Dicho servicio a la Patria me obligó perder casi dos años de cursado, ya que me dieron la baja cuando ya había empezado el primer cuatrimestre del año siguiente. Esto casi me deja fuera de la Universidad, porque además como estaba en la colimba, no pude rendir ninguna de las materias que debía y al regresar, en el año 1967, casi pierdo la beca que me habían dado para estudiar.

Challacó -desde la ventana de la residencia de los estudiantes de la facultad de Ingeniería de la Universidad provincial del Neuquén
Challacó -desde la ventana de la residencia de los estudiantes de la facultad de Ingeniería de la Universidad provincial del Neuquén. Foto: Challaco.com

Ese mismo año, ya avanzado el segundo cuatrimestre, Oscar Rivas, un viejo compañero de la secundaria me invita participar en un proyecto extra académico, se trataba sobre la aventura de poner «un cohete en el espacio». ¡Sí…! un cohete, que si bien no llegó al espacio, avanzamos bastante en su desarrollo, hasta que intervi­no la «burocracia del estado».

Un día tomando unos mates con Cacho Juárez y Mario Bertogna en la habitación de Oscar, en el pabe­llón tres del «campus» de Challacó, este nos cuenta su idea de trabajar en algo distinto a Análisis I, Geometría Analítica, Mecánica Aplicada y tantas otras materias que conformaron el plan de estudio de nuestras carreras y la propuesta consistió en investigar sobre la cohetería, la que alguna vez desveló a Werner von Braun y otros.

La idea fue bien acogida por todos y Oscar nos muestra lo que ya había estado investigando. Así nos contó de forma general como eran los primeros cohetes enviados al espacio por aquellos pioneros, que tipo de combustible se usaba en la actualidad, etc., etc. Un tiempo después se unió a esta idea Eliana Aqueveque, que ofició durante un tiempo de «secretaria», pues se encargaba de todas las tareas administrativas, como enviar notas a todos los lugares que podíamos obtener ayuda.

La cuestión que ahí nomás nos pusimos a trabajar. Ese año no avanzamos demasiado y nos dedicamos a buscar bibliografía y fue así que hablamos con el profe de química, Hugo Jinés De Paco, quien se ofreció a dar­nos algunos aspectos teóricos del proyecto. Hasta mi viejo participó del proyecto. Un día Oscar se apareció con un apunte escrito en alemán sobre cohetería y como mi viejo hablaba y leía perfectamente el alemán ofició de traductor; si bien no sirvió de mucho ya que era demasiado general y con muy poca aplicación práctica, aportó algo de lo que estábamos buscando.

En esta etapa el Dr. De Paco tuvo una participación importante en el proyecto, ya que el nos dio las primeras herramientas teóricas del tema. Así fue que desinteresadamente nos dio durante casi un año clases en el laboratorio de física sobre el desarrollo teórico de la cohetería.

Las pruebas y experiencias

Esquema básico del primer cohete experimental - El Challacó I
Esquema básico del primer cohete experimental – El Challacó I

Pasó casi un año hasta que hicimos la primera experiencia práctica del lanzamiento. Fue un cohetecito de treinta centímetros de alto, fabricado con un caño de acero de una pulgada de diámetro, con tres aletas soldadas en su base a manera de alerones directrices, como lo ilustra la figura. Para nosotros fue un éxito, pues si bien no se elevó más de unos cuatro o cinco metros de altura, logró despegar del suelo. Como era obvio, se llamó «Challacó I».

Durante el curso de ese año hicimos varios lanzamientos con el mismo modelo de cohete, ya que había mostrado habilidad para despegar y elevarse y así se lanzaron el “Challacó I- bis”, “el Challacó II” “Challacó III”.

Por ese tiempo ya estaba enterado de nuestro emprendimiento, el decano de la facultad, el legendario Ing. Haroldo Paccini, por lo que un día nos reúne y nos expresa su interés en que la Universidad colabore y participe con nuestro proyecto. Y un buen día apareció la «colaboración». Por ese entonces andaba merodeando por los espacios académicos de Challacó un fulano de bastante mala reputación llamado Fernández Alcorta, (Fernández para nosotros) un tipo que según se decía, había sido en­viado por la Armada Argentina para «colaborar» con la Universidad. No supimos en qué grado ni de qué manera colaboraba, pero todos la imaginábamos pues eran tiempos de gobierno militar de Onganía; pero fue la colaboración que nos puso la Universidad para que participe en nuestro proyecto espacial.

Pasó el tiempo, nosotros seguimos con nuestro proyecto y gracias a Dios «colaboraba» bastante poco, por lo que podíamos trabajar con relativa libertad; hasta que se nos ocurrió emprender nuestro primer gran lanzamiento, un cohete que superara la altura de cinco mil metros. Pusimos fecha al lanzamiento, y nos adjudi­camos tareas específicas para lograr el gran objetivo. Oscar Rivas, el líder del proyecto, se encargaría del diseño del cohete y del desarrollo del combustible, Cacho y Mario colaboraron en el diseño del cohete y en tareas de comunicación con la facultad, logística, etc. y yo también colaboré en el diseño, pero además elegí la tarea de desarrollar su sistema de recuperación, para que no cayera en caída libre y se destruyera al llegar al suelo.

Para que el cohete alcanzara la altura esperada hubo que calcular la cantidad de combustible necesario y en función de ello resultó un cohete con un largo importante muy superior a los anteriores «Challacó I y II». Al incorporarle un paracaídas como sistema de recuperación el largo resultante se duplicó, por lo que resultó un largo total de más de un metro y unos setenta milímetros de diámetro. Contaba con cuatro aletas como alerones igual que los modelos anteriores. Hubo de diseñar y construir una rampa de lanzamiento, que la pensamos metálica, con ángulo de lanzamiento regulable, para utilizarlo en proyectos posteriores.

En este gran proyecto se incorporó más gente. Para la construcción y diseño de la rampa de lanzamiento se alistó «Werner» Arsenio Delgado, y luego se incorporaron el «Tano» Mario Cogniní, «el Cabezón Uña» y otros que se pusieron a trabajar en un sistema de rastreo para poderlo ubicar durante el lanzamiento y la caída (en esa época no existía el GPS). La hermana de Oscar nos confeccionó el paracaídas del cohete. También prestaron su colaboración el profesor de Mecánica Aplicada: Ing. Cimolai, y nuestro compañero de estudio el Ing. Masarik; el primero puso su fábrica de maquinaria agrícola y el segundo los viejos talleres de YPF a disposición nuestra para fabricar al CH-IV. Habíamos fijado la fecha de lanzamiento para el 12 de octubre del año 1968, día de semana a las once de la mañana.

El Lanzamiento

Llegó el gran día, y teníamos todo listo, habíamos trasladado la rampa al lugar elegido para el lanza­miento. A la mañana de ese día nos enteramos que la Universidad había convocado a la prensa, radial, escrita y televisiva, para registrar tan magno hecho. Pero no terminó ahí el asunto, para la media mañana comenzaron a llegar comitivas de funcionarios de Universidad, de la clase política de Neuquén y el general Guglielmeli jefe de la V Brigada de Infantería con asiento en Neuquén con su propia comitiva. Hasta la banda habían traído.

Los medios periodísticos se hicieron eco de la noticia del lanzamiento del Challacó IV
Los medios periodísticos se hicieron eco de la noticia del lanzamiento del Challacó IV

A eso de las diez de la mañana el ingeniero Paccini nos convoca a su oficina, donde nos presenta a los miembros de las distintas comitivas, oportunidad en la que Oscar, como líder del proyecto, dice algunas pala­bras relacionadas con el proyecto y la emoción que dicho evento nos generaba. Luego nos repartieron cascos de seguridad a todos los que participábamos en el proyecto, para que la prensa nos identificara.

Nos retiramos de la oficina del decano, cargamos a una camioneta una maqueta escala uno a uno del CH-IV, ya que el verdadero ya estaba instalando en la rampa y preparado para el lanzamiento. Junto a todas las comitivas nos dirigimos al «centro de lanzamiento». Luego de los arreglos finales para el lanzamiento, el inge­niero Paccini se dirige a los asistentes, -comitivas y alumnos de la Facultad de Ingeniería- con palabras alusivas a nuestro trabajo. A renglón seguido iniciamos la cuenta regresiva, tarea que se había asignado al miembro del equipo Cacho Juárez. Cacho estaba en esa tarea, cuando llega casi corriendo el «colaborador» que nos puso la Universidad el Sr. Fernández, a «retarnos» y expresando que las «ordenes» las daba él. Luego de mirarnos entre nosotros se le hace entrega del «teclado» que contenía el botón de lanzamiento al autodesignado «Jefe de la Misión Challacó» Sr. Fernández, y es él quien realiza una nueva cuenta regresiva y la voz de «cero», produce ignición del cohete CH-IV, saliendo de la rampa y elevándose rápidamente.

Con sorpresa vemos que el CH-IV no alcanza ni cerca los cinco mil metros esperados, sino que se eleva unos ciento cincuenta metros y se abre el paracaídas de recuperación del cohete. Todos los asistentes empiezan aplaudir, la banda comienza a tocar creo que la Retreta del Desierto, mientras nosotros, los cuatro gestores y ejecutores del proyecto nos quedamos helados mirándonos, algunos con lágrimas en los ojos, no de alegría, sino por el fracaso de no haber alcanzado el objetivo.

Luego de eso hubo un brindis en el aula magna de la Facultad, hubo entrevistas de la prensa, (a ninguno de los cuatro nos entrevistaron), y más o menos a las tres de la tarde finalizaron las actividades inherentes al evento.

Ese día no hubo clases. Más tarde nos juntamos los cuatro, en la habitación de Oscar que era casi siem­bre nuestro lugar de reunión, para analizar lo ocurrido. En esa reunión Oscar nos cuenta que antes del lanzamiento, ya había tenido un encontronazo con Fernández. Este había querido ejercer de «especialista* interviniendo en el sistema de ignición del motor. No hubo negociación posible para que evitar que se cambiara lo que estaba proyectado, por lo que finalmente el Sr. Fernández logró su cometido. Toda la gente que podía catapultarlo al estrellato con este proyecto o enterrarlo estaba presente, así que se jugó y presionó a Oscar para hacer lo que él quería. El resultado del capricho de Fernández, fue la destrucción del cohete apenas al salir. Asi que ahí mismo lo convocamos a Fernández al laboratorio de física para analizar con él lo que había ocurrido con el CH-IV.

Fernández, nos da un espiche de cómo, por qué y cuándo se debe lanzar un cohete. Nosotros escucha­mos y apenas termina, Cacho toma la palabra, lo increpa fuertemente, primero con la ignición del cohete y lue­go con la cuenta regresiva, y finalmente sobre arrogarse la jefatura cuando solo era un miembro más de equipo. Don Fernández no digirió demasiado bien las palabras de Cacho, las que nosotros aplaudíamos en silencio mientras se retiraba muy ofuscado.

El lamentable episodio con este «burócrata» echó por tierra nuestro proyecto y prácticamente no hubo más actividad de cohetería en Challacó. Nunca más lo vimos y a mí me quedó la sensación que este personaje casi siniestro, había participado creyéndose el jefe del proyecto y solo era un pobre ignorante, que con su prepo­tencia nos arrebató la ilusión, nuestro tiempo, nuestras ganas y nuestro esfuerzo. Otros pensaron que nos frus­tró el proyecto a sabiendas del daño que haría al modificar la ignición del cohete.

Aquella fue una corta y riquísima experiencia tanto desde lo técnico como lo humano, donde nosotros pusimos absolutamente todo, desde los materiales, la voluntad de trabajo, el tiempo, nuestra pasión, mientras que un ignorante engreído destruyó todo lo hecho, en un segundo. Mis mejores recuerdos para los que partici­paron De todas maneras, quiero refrescar unas palabras que hace poco me dijo Oscar, «quizás, si no hubiera existido ese sabotaje a nuestras ilusiones, hubiéramos continuado trabajando y con el correr del tiempo hubiera aparecido otra persona que nos lo sacara de las manos, encontrándonos algo más maduros y probablemente el golpe hubiera sido mayor».

Heriberto Luis (Luigi) Ramírez

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Esa es otra historia

Extraído de: Challacó – Historia de voluntades, de Luis Alberto Narbona (Compilador), Editorial Educo.


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