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El oro negro – Neuquén y el petróleo (parte 1)

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Dentro de los liberales-conservadores que gobiernan el país desde 1880, hay una fracción liberalizante que no lo era sólo en el sentido electoral. Se trataba de un conjunto de hombres que, de forma casi coincidente, plasma su pensamiento hacia el Centenario y que se venían perfilando desde fines del siglo pasado, fundamentalmente como consecuencia de la primera ruptura al interior de la clase dominante a raíz de la revolución de 1890, crisis política y económica que condujo a sectores de la política, funcionarios e intelectuales a un replanteo autocrítico y crítico respecto de los modelos vigentes. Heterogéneos en cuanto a las fuentes en que abrevaban, planteaban sin embargo cierta homogeneidad acerca de la percepción que tenían sobre sí mismos. Los reformistas que se consideraban agentes de cambio, convencidos que a partir de estudios científicos de la realidad económica y social era posible operar modificaciones en el medio en que debían actuar. Por ello, tanto desde la función pública como desde la cátedra universitaria se incorporaron con un fuerte optimismo al clima de ideas de la primera década del siglo XX.

Interesa destacar aquí la labor de algunas de las figuras vinculadas a la Dirección de Minas, Geología e Hidrología – repartición creada en 1902 dependiente del Ministerio de Agricultura-, que tendrán un papel destacado en el desarrollo de la industria petrolera, no sólo en su pensamiento sino también en su acción como fue el caso del ingeniero Enrique Hermitte.

Hermitte asume esa dirección a comienzos de siglo llevando a cabo una tarea de relevamiento del suelo y subsuelo, tanto en provincias como en territorios nacionales. En este contexto se halló petróleo en los territorios de Chubut y del Neuquén. Hacía algunos años que el Estado Federal, a través de sus reparticiones, se encontraba realizando investigaciones en las provincias a partir de acuerdos con gobiernos como el de Salta

Ya en 1904 exploraciones de particulares en el cerro Lotena (departamento de Picún Leufú) evidenciaban la existencia de petróleo en el territorio neuquino, convirtiendo a la región en punto de atracción de particulares que trayendo maquinarias acometían esta actividad. Las investigaciones del geólogo alemán Anselmo Windhausen realizadas en el curso de tres viajes al territorio, le permitieron verificar la existencia de yacimientos petrolíferos.

Poco después, en 1914, el doctor Juan Keidel aconsejaba a la Dirección la realización de perforaciones en la zona de Plaza Huincul entre las estaciones de Challacó y Ramón Castro, a la altura del kilómetro 1.297 del Ferrocarril del Sud que va desde Neuquén a Zapala. Al año siguiente se trasladaron las máquinas perforadoras en medio de los inconvenientes derivados de la falta de infraestructura y recursos humanos, para llevar a cabo las tareas de descarga. No existiendo estación ni paradero a esa altura de la línea, los desembarques debían efectuarse en la estación Challacó a 22 km del lugar a perforar. Debido a estas dificultades se efectuó un convenio entre la empresa del ferrocarril y la Dirección General de Minas, a cargo del ingeniero Enrique Hermitte, por medio de cual el tren iba a hacer una parada para bajar los materiales a 2 km del lugar de la perforación y aprovisionamiento al campamento. Asimismo, la ausencia de obra llevó al ingeniero Enrique Cánepa, supervisor de perforación, a gestionar ante el gobernador Eduardo Elordi la provisión de presos de la cárcel del Neuquén para trasladar bultos desde el kilómetro 1297 al campamento.

Consecuencia de la perforación emprendida a una profundidad de más de 600 metros se encontró petróleo en Plaza Huincul (Pozo 1) en 1918 que, aunque de escaso rendimiento se reveló como de calidad superior al de Comodoro Rivadavia, razón por la cual el Ministerio de Agricultura intensificó las exploraciones. Realizado el hallazgo se efectuó la reserva en una zona conformada por un octógono de 5 km de radio tomando como centro el pozo 1.

En una carta dirigida al ministro de Agricultura Alfredo Demarchi (5 de noviembre de 1925) en ocasión de tomar conocimiento de la importante producción del pozo 26 de Plaza Huincul, Hermitte recordaba los inconvenientes que habían traído aparejados los trabajos de perforación en esta zona debido a las peculiares características del suelo, trabajos cuya prosecución determinó críticas de varios funcionarios que aconsejaban suspender las tareas.

Al respecto decía Hermitte:

«…no fui mayormente conmovido por los informes oficiales reputando injustificadas las instalaciones y negando hasta la existencia de estudios geológicos en un yacimiento que justamente, caso poco común en el mundo, había sido descubierto al tratar de comprobar prácticamente los resultados de las investigaciones científicas».

A pesar de que en el periodo 1918-1922 la acción oficial, en general, se vio dificultada por la falta de apoyo financiero y por la escasez de materiales consecuencia de la Guerra Mundial, los trabajos de exploración topográfica y estudios geológicos continuaron su marcha, lo que permitió ir completando el mapa geológico en preparación. En lo que respecta a la producción, si bien ésta no se incrementó significativamente, en Plaza Huincul se observa en este yacimiento un lento crecimiento como resultado de la perforación de seis nuevos pozos, ya que se pasa de 11 m3 (1918) a 5.700 m3 (1922).

Estas tareas adquieren mayor relieve si tenemos en cuenta que el código de minería sancionado en 1887 prohibía en su artículo noveno intervenir al Estado en la explotación de recursos mineros. Este pensamiento se inscribe en el conjunto de características que adquirió el Estado en los países capitalistas periféricos, en los que su papel fue decisivo en tanto se constituía en garante de la reproducción del sistema. Por ello es que en ningún momento esta “fracción modernista de la clase dominante” -funcionarios, técnicos, sectores dirigentes- descartaba la idea de la concurrencia del capital privado. Se sostenía que el objetivo de la instancia nacional era valorizar el yacimiento para, cuando estuvieran dadas las condiciones, asociar o entregarlo a compañías particulares.

Uno de los problemas que afectaba el yacimiento descubierto en el territorio neuquino era la dificultad para acceder al mercado nacional debido a los elevados costos de los fletes ferroviarios. El problema de los fletes estaba también vinculado a la cuestión de la confrontación entre intereses británicos y norteamericanos. Tengamos presente que la compañía Astra cuyo capital era de origen nacional y alemán fundamentalmente, contaba entre sus accionistas a la WIKO (Standard Oil), la Compañía Argentina de Perforaciones, Bunge y Born, Compañía Sudatlántica, Dodero Hermanos y otros grupos vinculados a la navegación. Al respecto, son sugerentes los informes del inspector de la línea del Ferrocarril del Sud Bahía Blanca – Zapala, Arturo H. Coleman, planteando inquietudes no sólo respecto de zonas factibles de poseer el recurso sino también transmitiendo información a las autoridades de la empresa ferroviaria sobre el accionar de las compañías privadas y sobre la transferencia de capitales de unas a otras. Tal es el caso de la Compañía de Petróleo Challacó Ltda. Neuquén, adquirida por la Cárter Oil Company, filial de la Standard Oil. En realidad, y tal como se observa en el mapa respectivo, la Standard Oil y sus subsidiarias dentro de las privadas hegemonizaban el control de la explotación alrededor del octógono fiscal.

La explotación del petróleo en Plaza Huincul se limitaba al accionar fiscal, ya que la acción privada comienza a concretarse en producción en la década de 1920. Para el tratamiento del combustible se instaló en 1919 una pequeña destilería destinada al refinamiento para uso local produciendo varios derivados, entre ellos, nafta, kerosene, gas oil y fuel oil.

La adquisición del recurso en zonas relativamente cercanas interesó a la Municipalidad de Bahía Blanca, que auspició la compra de 50 toneladas de petróleo bruto para la compañía de gas de esa ciudad. Ante el pedido, la Administración Plaza Huincul, en condiciones de abastecer el producto pide la provisión de envases debido a que únicamente tenía carritos-tanque para el traslado. La comercialización de combustible estaba condicionada no sólo por el alto valor de los fletes, sino también por la falta de tanques para su transporte. Asimismo, la explotación fiscal atraía a trabajadores de distintas partes del país y del extranjero, especialmente chilenos y, a pesar de la escasez de maquinarias y de la precariedad de las instalaciones, los salarios que pagaba la repartición estatal eran razonables. En la medida que pasan los años, es de destacar un marcado descenso de trabajadores de origen europeo, así como los de nacionalidad chilena. La mayor presencia -cuanto más avanzamos hacia el momento de la provincialización -, es de trabajadores provenientes de otras provincias, en particular de la provincia de Buenos Aires, del litoral, de Mendoza y de la región noroeste del país.

La producción lograda por la Explotación de Petróleo de Plaza Huincul en estos primeros años, organización y trabajo conjunta con la de Comodoro Rivadavia, mereció las objeciones por parte de Enrique Mosconi, quien a partir de 1922 está a cargo de la recientemente creada empresa estatal YPF (1922), repartición estatal que cumplió con el objetivo de poner en marcha la producción del yacimiento.

Así como la Dirección de Minas, Geología e Hidrología con Hermitte al frente había llevado a cabo, pese a las limitaciones apuntadas, una labor relevante en la exploración y explotación de petróleo (Comodoro Rivadavia y Plaza Huincul) sería YPF, empresa pública creada por decreto de junio de 1922, la que dará comienzo a la nueva etapa en la organización de la industria petrolera. En uno de sus últimos actos administrativos, el primer gobierno radical creó la compañía y fueron otras las figuras que imprimieron el impuso inicial a la empresa: el presidente Alvear como expresión del poder político por un lado y Enrique Mosconi por otro, éste último hombre de las Fuerzas Armadas cuya labor va estar fundamentalmente vinculada a la cuestión estratégica y de seguridad. En lo que respecta a Alvear, los lineamientos de su política estuvie-ron orientados a fortalecer el accionar del Estado en esta actividad a través del decreto de 1924 que establecía una amplia zona de reserva en todo el país. Pero fundamentalmente, hubo apoyo irrestricto a Mosconi.

Respecto de Mosconi, su preocupación por la cuestión petrolífera se vincula, como decíamos, a los asuntos estratégicos; él mismo recuerda en una de sus obras que siendo Director de Servicios de Aeronáutica del Ejército, un problema de abastecimiento de combustible por parte de la WICO que se había negado a realizar el aprovisionamiento sin que mediara el pago previo, lo motivó para abocarse a este problema en el país, razón por la cual accedió al cargo de director de la nueva repartición en octubre en 1922.

Bajo la Dirección de Mosconi, YPF va a tener un funcionamiento más orgánico respecto de las reparticiones que hasta entonces se habían encargado de la explotación de los yacimientos fiscales. Ello, como consecuencia del control que la empresa iba a ejercer en todas las etapas de la industria (exploración, explotación, refinamiento, transporte y comercialización); particularmente a partir del decreto de que aprobaba el reglamento orgánico de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (12 de abril de 1923) que confería a esta repartición una amplia autonomía. Esta organización y, sumado a ello, las innovaciones tecnológicas introducidas en las etapas de exploración y explotación, permitieron aumentar el número de pozos perforados que de nueve (5.700 m3 en 1922) pasan a treinta (89.359 m3); aunque debió limitarse la extracción a las posibilidades de almacenamiento, transporte, refinamiento y venta.

Si bien la evolución de la producción de Plaza Huincul no es relevante en comparación con la de Comodoro Rivadavia, el aumento verificado tiene una importancia significativa en lo que hace a la zona de localización del yacimiento. La pequeña destilería que funcionaba desde 1919 fue ampliada en 1930, instalándose una planta de gas con el fin de industrializar como en Comodoro Rivadavia el gas de los pozos petrolíferos. Aunque la mayor elaboración del crudo se hacía en la destilería de La Plata (inaugurada en 1926) con el producto proveniente fundamentalmente de Comodoro merced a la posibilidad de transporte marítimo. En el caso de Plaza Huincul, en tanto, si comparamos la cantidad de petróleo producido y elaborado, la casi totalidad se industrializa en la zona de localización del yacimiento con una capacidad diaria de 40 m3 y un almacenamiento de más de ocho millones de litros.

Hacia 1924 el combustible producido (nafta, kerosene, fuel oil y gas oil) abastecía a través de una agencia de ventas a cargo de Amaranto Suárez, una extensa zona de la Confluencia que se extendía entre Neuquén capital y el yacimiento por un lado y Neuquén y Contralmirante Cordero (Rio Negro) por otro. Asimismo, toda la línea del Ferrocarril del Sud entre Neuquén y Bahía Blanca era atendida directamente por YPF; consumiendo también las «usinas» del sur de la provincia de Buenos Aires el producto de Plaza Huincul por su calidad superior. Después de 1929 la cantidad de petróleo tratado en esta localidad disminuyó pues sólo se elaboraba el necesario para los requerimientos locales enviándose el excedente a la destilería de La Plata.

El origen de Plaza Huincul que llegaría a ser con Neuquén capital y Cutral Co, una de las poblaciones más importantes del departamento Confluencia y del territorio en general, estuvo vinculado a la transferencia de tierras que YPF hiciera a la comuna a tal efecto. Aunque para 1924 contaba con 600 habitantes, este número es significativo si lo comparamos con la cantidad de habitantes de la capital del territorio que ascendía a 2.452 según el censo territoriano de 1920. El pueblo quedó dividido en dos partes, característica que conserva hasta la privatización de YPF; la parte norte con la administración petrolífera, casas para empleados y obreros, Registro Civil, Cooperativa, talleres, etc., y la parte Sur, en la que se asentaban varios negocios instalados con el permiso de la administración, hospital, oficinas públicas, etc. Por parte del gobierno nacional se habían construido edificios para escuelas, correo, telégrafo y comisaría, instalaciones que contaban con agua corriente, calefacción a gas y luz eléctrica.

Reservas y Concesiones

En 1924 el presidente Alvear basándose en la Ley de Tierras de 1903 había dictado dos decretos fundamentales para la actividad petrolera. Por el primero, creaba una vasta reserva petrolera estatal de 33 millones de hectáreas en los territorios nacionales. En el Segundo decreto, ordenaba a YPF realizar un cuidadoso examen de cada pedido de concesión en el espacio de la reserva.

Tarifa ferroviaria

En una carta que un funcionario de la empresa Astra dirige a Hermitte (17 de enero de 1921), planteaba:
“El petróleo de Plaza Huincul debe salir al mercado grande que es toda la república y dadas sus calidades es bien posible que dentro de breve llegue a ser un elemento de exportación”
Y respecto de la posibilidad de llevar a cabo una acción conjunta con el gobierno nacional para solucionar el problema de los costos prohibitivos de la tarifa ferroviaria, sugería al Director de Minas que encarara ante las autoridades del Ferrocarril del Sud no sólo la política de precios sino también la posibilidad de aportar infraestructura (desvíos y estaciones de carga y descarga, vagones-tanque, almacenajes, etc.) para llevar a cabo esta empresa.
“A mi juicio, Ud. señor Hermitte, por la posición oficial que ocupa y por el buen nombre que Ud. tiene en el mundo Industrial de esta república, es la persona más adecuada para iniciar y llevar a buen término estas negociaciones con el F.D.S.» y para el caso de que estas negociaciones fracasaran, «…se deberá proceder inmediatamente al estadio de un pipe-lime hasta donde el río Negro sea navegable y a la creación de una flotilla de chatas-tanque para el transporte por ese mismo río»».
Y agregaba estas sugerentes líneas «…Las compañías particulares aportarán gustosamente la parte de los gastos que le corresponde en ese estudio y, si Ud. lo cree conveniente, se puede buscar también un modo para financiar la construcción del transporte que resulte del estudio, sin que ésta resultase demasiado gravosa para los medios que Ud. tiene disponibles para Plaza Huincul. Creo también en esto el gobierno y los particulares podrán juntar sus esfuerzos, porque los intereses hasta allí son completamente los mismos».

(Continúa)

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Esa es otra historia

Extraído de: El pulso del Viento (Historia de Neuquén) – Fascículo 5, publicado en el año 2001 como suplemento del diario La Mañana del Sur. Autora: Orietta Favaro.


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