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De Zapala a Cunco – Primera travesía de los Andes (2da parte). La hazaña y el después.

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13 de abril de 1918. Zapala en ese momento, tiene un clima otoñal, suave y diáfano. El diligente mecánico Miguel Soriano a partir de las 2,30 hs. de la madrugada dio comienzo al armado del aparato y a las 15:00 hs. revisó y aprestó los últimos ajustes de la máquina: estaba lista, cargada de nafta y aceite para cuatro horas. El piloto, Teniente Candelaria sube a su avión tranquilo y atento. La precaria información meteorológica, en estadística, índica para la estación viento calmo, pero la realidad del día, en esa latitud es que hay viento del Este (de abajo, como dicen los zapalinos) y la atmósfera se presenta inestable. Este es el tercer intento después de los realizados los días 8 y 10. A las 15:00 Hs. inicia su preparada navegación: Temuco – Santiago – Mendoza. El vuelo se desarrolla normalmente, cruza el costado del Cerro Cansino y al sobrevolar la cordillera del Chachil, hay turbulencia provocada por el viento del Este que impulsaba de cola el aparato y otro que, en ráfagas, soplaba del SO, originando la agitación atmosférica.

Se redobla el esfuerzo del motor, los tiempos estimados no se cumplen, el corto día otoñal hace más crítico el vuelo. Finalmente, ya sobre el lado chileno por la falta de visibilidad, grandes nubarrones hacia el sur y bruma hacia el norte, le impiden ver los valles centrales y la costa, decidiendo abreviar el viaje y aterrizar de emergencia en Cunco, apenas a 50 Km. de su destino primario: Temuco. Al tocar tierra su máquina sufre averías que hacen imposible continuar el viaje.

Es sabido que la idea del proyecto, por el lado argentino, había tenido predecesores desde el año 1913 pero, entre ensayos, accidentes y víctimas, se fue prolongando su realización, con el agravante de haberse iniciado la Primera Guerra Mundial. Francia, principal potencia aeronáutica, no vendía por sus necesidades logísticas estos elementos aéreos; la falta de material de vuelo asfixiaba a nuestra naciente aviación. Lo mejor existente eran 2 motores modelo 1913, un Omega y un Le Rhone, ambos de 80 H.P., comprados por Newbery para este determinado fin. Los primitivos motores rotativos no eran como los radiales que conocemos, sino que, su funcionamiento era opuesto: el cigüeñal era fijo, giraba el block de 3, 5 ó 7 cilindros, con pérdidas, consumo de aceite de castor, combustible y riesgo de incendio.

El descenso se produce en un pequeño terreno con un arroyo torrentoso a la izquierda, árboles a la derecha y un cerco de troncos enfrente. No le quedaba otra alternativa que efectuar un capotaje: a las 6 pm salió solo de su avión y luego se acercaron algunos lugareños que le dijeron donde se encontraba.

Comenzó a desarmar el aparato para protegerlo y guardarte bajo unos árboles del mismo terreno del aterrizaje, y esta operación terminó a las 8:30 p.m., demorado por que trabajaba con su mano izquierda, ya que la derecha la tenía insensible, entumecida por el intenso frío que sufrió en las alturas.

Cuando se empezaba a dudar, con fundamento de la suerte de Candelaria, el día 15 el Ministerio de la Guerra recibió un despacho telegráfico que vino a disipar todos los temores.

“Comunico a S.E. que habiendo salido de Zapala, Neuquén, a las 3 pm, he descendido en Cunco, Chile, a las 5.30 pm después de cruzar la cordillera. Teniente Luis C. Candelaria”. Por otra parte el día 17, desde Temuco envía el Capitán Francisco S. Torres, ideólogo y mentor de esta hazaña junto al Ingeniero Lucius, el telegrama que se transcribe: “El cuyano portose como bueno. Ruegole transmita un hurra a las damas mendocinas y al pueblo de su provincia que contribuyó con el Morane Sauinier. Lo saluda afectuosamente Tte Luis Candelaria”

Realizada su proeza llevada a cabo en alrededor de 2.30 horas de tremendo esfuerzo psicofísico, es recibido por autoridades chilenas. Posteriormente es agasajado por miembros del club alemán de Temuco y autoridades del Regimiento Tucapel, agasajos que continúan en Santiago en el Club Aéreo y en la escuela militar de aviación. A su regreso sus camaradas y amigos concurren a la estación Retiro a tributarle el digno y justo homenaje al que se ha hecho acreedor.

Candelaria, luego del memorable vuelo continúa prestando servicio dentro de la Institución. En noviembre de ese año pasa a prestar servicios al IV Batallón de Zapadores Pontoneros, en tanto su amigo Benjamín Matienzo, persiste en mayo de 1919 en un nuevo intento, el cruce de la Cordillera de los Andes con su avión

Niuport, pero no lo consigue, se queda sin combustible, aterriza en plena cordillera y se refugia en unas piedras donde se queda dormido y muere congelado. El cuerpo de su infortunado amigo es encontrado 6 meses después.

En febrero de 1920 es ascendido a Teniente Primero y en marzo pasa nuevamente a la Escuela de Aviación Militar y luego en mayo al Instituto Geográfico Militar. Actuando como instructor de una comisión de estudios de estéreos y aerofotogrametría, el 7 de abril de 1922 mientras efectuaba un reconocimiento en la Quebrada del Agua Salada, en búsqueda del avión de su amigo Matienzo (el que recién fue hallado en febrero del año 1950), mientras bajaba una abrupta cuesta de piedra laja, la mula que montaba resbaló arrastrándolo hasta el fondo de un abismo, donde fue rescatado con heridas gravísimas que lo obligaron a disponer su retiro del servicio activo, que ocurre a partir del 8 de mayo de 1924 como consecuencia de sus estado de salud por la conmoción cerebral y exceso de trabajo físico y mental, resolución que queda efectiva a partir el 12 de mayo de ese año con el solo reconocimiento del 52% del sueldo de su grado, correspondiente a Capitán desde el 31 de diciembre de 1923. Por su quebrantada salud debe viajar a Alemania para su recuperación. Parte para Europa a bordo del «Infanta Isabel de Borbón», silenciosamente, sin que lo despidieran ninguno de los miles de entusiastas que lo vitorearon el día que cruzó los Andes, vestido de civil, con muestras de la enfermedad que lo aqueja, con el propósito de someterse a un severo tratamiento para ver si es posible vencer el cruento mal que padece. No lo acompaña más que el optimismo de su juventud y su bondad de hombre resignado.

Un diario consiguió reunirle unos cuantos pesos ya que otras promesas no se concretaron y su sueldo disminuido por el porcentaje reconocido. No obstante se ausenta sin aceptar ninguna de las suscripciones que se hicieron en su favor. En carta enviada al diario La Razón, en conocimiento de la generosa remesa efectuada por el mecánico del Plus Ultra, Pablo Rada, de $ 3.000, producto de una donación y el resultado del festival que se organizara en San Sebastián  (España) en honor a nuestro país y en beneficio de este valiente aviador argentino en desgracia, lamenta no poder aceptar el dinero y pide que el mismo sea entregado al Coronel Daniel Fernández que le daría el destino conveniente. Solicita a su jefe y amigo que en su representación agradezca el obsequio español, y disponga que un porcentaje, (40%) sea destinado a la Sociedad Tránsito Cáceres de Allende Pro Tuberculosos en Córdoba y con el 60% restante se adquirirán cuadros de pintores españoles para obsequiar a distintos museos argentinos. Por este gesto recibió una felicitación del Ministerio de Guerra por no aceptar ninguna de las colectas efectuadas iniciadas en su favor, cuyo total hubiera ascendido a una verdadera fortuna.

Por otra parte es justo reconocer que Candelaria no aceptaba homenajes en vida,  y como todos los grandes vive casi en la miseria. Su pensión de Capitán del Ejército Argentino sufrió muchas veces atrasos y suspensiones. En varias ocasiones en escritos periodísticos se atrevió a denunciarlos, incomodando a algún funcionario.

Su propósito de viajar a Alemania se modifica en razón que el célebre Dr. Vander (ex Director del Sanatorio de Medicina Naturalista de Leipzig), se establecía en Barcelona. No está preocupado sobre qué hará a su regreso, ni cuando regresará: va a curarse y pondrá todo su empeño en ello. Su agradecimiento y especial saludo al vecindario de Zapala y al Cuerpo de Bomberos de la Provincia de Buenos Aires, por los recuerdos que han tenido para con él.

Regresa restablecido, pero, con necesidad de encontrar un clima adecuado para su estado de salud, vive en Mendoza, Posadas y Tucumán.

Fallece en la ciudad de Tucumán el 25 de Diciembre de 1963. En cumplimiento de su especial y postrer pedido, sus restos son trasladados a Zapala arribando a esta ciudad por vía terrestre desde la ciudad de Neuquén, a la que habla llegado en un avión de la Fuerza Aérea. Todo el pueblo de Zapala los recibe el día 27. Sobre su féretro, se encuentran depositadas las banderas argentina y chilena, las mismas que le obsequiaran en oportunidad de los homenajes por el cruce de los Andes. Se organizan las honras fúnebres consistentes en un breve velatorio de sus restos en el antiguo edificio municipal, inaugurado por su extinto amigo Martín Etcheluz, y por último son trasladados al cementerio acompañados por todo el pueblo que se hizo presente en una lenta y doliente marcha.

La municipalidad, por último, proveyó los medios para cumplir con su deseo; una sencilla tumba o bóveda blanca y una inscripción sobre ella: «13 de Abril de 1918»

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Esa es otra historia

Extraído de: Revista por siempre Neuquén, año 5, nº21, del 2004. Escrito por Julio Furer.


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