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La provincia

Concesiones, propiedades, transferencias

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Si dejamos las peculiaridades de vida del norte neuquino y volvemos al tema de la ocupación de la tierra, no podemos dejar pasar que los “pioneers” debieron su existencia no a políticas nacionales de coexistencia con el “indio” sino a una política de exclusión, desarticulación y subordinación del remanente sobre ellos, que determinó la apropiación estatal de todas las tierras y su inmediata cesión selectiva. Chilenos y criollos sin desvelos por la línea de frontera, no tuvieron mucha mejor suerte. En la privilegiada área andina de los departamentos Los Lagos, Lácar, Huiliches, Aluminé, parte de Picunches, Loncopué y Ñorquín, donde se concentraba el recurso forestal, el potencial agrícola y la máxima capacidad de pastoreo de toda la norpatagonia, se otorgaron entre 1884 y 1889, por la Ley 817 de Inmigración y Colonización de 1876, un total de 1.327.255 hectáreas en concesiones a sólo dieciocho personas. Quince de dichas concesiones abarcaban alrededor de 80.000 hectáreas cada una. Las otras tres, 40.000 hectáreas cada una. Los concesionarios no estaban obligados a vivir en la región. Casi parece redundante aclarar que la mayoría residía en forma permanente en la ciudad de Buenos Aires. Ninguno de ellos colonizó, esto es, desarrolló proyectos de colonización sobre esas tierras, como lo obligaba la ley. Poco después se acogieron a la oportuna Ley de Liquidación promulgada en 1891, por la cual dejaron de ser concesionarios y pasaron a ser propietarios, a un precio por hectárea muy bajo o por donación del Estado. Eso sí, siempre y cuando devolvieran una cuarta parte. Al compromiso anterior de colonizar lo suplantó la obligación de incorporar capital en forma de hacienda y mejoras, cosas que en general no les costaba un peso pues las trasladaban a los administradores o a los arrendatarios y subarrendatarios, que ponían su propia hacienda para cumplir las obligaciones contraídas por el propietario con el Estado. Cuando el negocio no generaba suficiente entusiasmo, siempre podían transferir, es decir, realizar ventas encubiertas. Los registros están llenos de transferencias, a veces realizadas con apenas un par de semanas de diferencia entre una y otra. Tome usted toda esta información y pásela por su entresueño.

Plano Catastral de 1901 del territorio del Neuquén.
Plano Catastral de 1901 del territorio del Neuquén. Se lo puede descargar desde AQUÍ

Muchos de aquellos “primeros” campos pasaron después a manos de sociedades ganaderas chilenas, que si bien también hacían cuentas especulativas y negocios inmobiliarios, preferían aprovecharlos mientras tanto para producir. De paso, valorizaban las tierras. Una de ellas, la Sociedad Comercial y Ganadera Chile-Argentina, con sede en Puerto Montt, llegó a reunir en el sudoeste y sudeste neuquino 420.000 hectáreas en seis estancias que adquirieron buena fama -Meliquina, Chacabuco, Quenquemtreu, Sañicó, La Teresa y Collón Cura-. La empresa proveía a curtiembres y saladeros chilenos, además de destinar carne al consumo interno de Chile y a la exportación a Alemania. En 1919, la mayoría de estos campos de la Sociedad pasaron a manos de otra compañía chilena, Sociedad Ganadera Gente Grande.

Entre los beneficiarios de aquellas transferencias de los concesionarios-propietarios originales, figuran varios Uriburu, uno de ellos ministro de Hacienda de Juárez Celman, otros emparentados con Roca. Los Uriburu-Castells, por ejemplo, obtuvieron 220.312 hectáreas por aquí. Figuran en los documentos también un Prefecto General de Puertos, un almirante y diputados. El ministro del Interior de Carlos Pellegrini, Manuel M. Zorrilla, se quedó con 10.536 hectáreas sólo en el Departamento Los Lagos. Con tierras en otras zonas del área andina completó un total de 80.000 hectáreas en Neuquén. En el territorio de Río Negro sumó otras 36.000 hectáreas. De la tierra ubicada en Los Lagos, 7.500 hectáreas entrarían en una cadena especulativa. La península Huemul completa -lago Nahuel Huapi—, que fuera propiedad de Zorrilla, se convirtió en 1922 en la Estancia modelo Far West, luego Estancia Huemul, de Aarón Anchorena y los Ortiz Basualdo, que por disolución de la sociedad en 1935 quedó en propiedad exclusiva de los Ortiz Basualdo, por lo menos hasta el fin del siglo XX. Otros apellidos ilustres aprovecharon igualmente las ofertas de la zona andina neuquina en distintos momentos de fines del siglo XIX y principios del XX. Hay Zuberbühler solo, Zuberbühler de Cañé, Zuberbühler de Sánchez Elía, Bullrich solo, Zuberbühler de Bullrich, Mendiguren, Clusellas, Avellaneda, Dellepiane, O’Farrel, Douglas Reed, Urquiza, Urquiza de Anchorena. Aarón de Anchorena recibió en 1902 la Isla Victoria completa, solo unos meses después de conocerla en una excursión y pedir la concesión. En 1907 obtuvo el usufructo de la isla de por vida, más allá que varios años después, en 1914, tras ataques periodísticos contra el privilegio obtenido, la restituyó al Ministerio de Agricultura con el vivero, muelles, embarcaciones y otras mejoras por él construidos. Dichas mejoras, que eran parte del arreglo de usufructo por inversión legalizado en el Congreso, sirvieron para futuros desarrollos en la isla.

Varios de estos apellidos junto a otras “buenas familias” argentinas, participaron después, a partir de los años 30, del núcleo más exclusivo que “civilizó” con sus propiedades de veraneo las costas del gran lago Nahuel Huapi, y que acompañó el proyecto de desarrollo y conservación de Exequiel Bustillo Madero, hacedor de Parques Nacionales. Entre ellos, los Zuberbühler, familia que hacia 1928, sólo dentro de los límites de la provincia de Buenos Aires, integraba el selecto grupo de los propietarios con más de 100.000 hectáreas. Uno ellos era amigo de la infancia de Bustillo. La propia familia de la mujer de Bustillo, los Pacheco Santamarina, poseían hacia 1928 más de 150.000 hectáreas también sólo en la provincia de Bs. As. No son datos caprichosos sino oficiales, publicados en la Guía de Contribuyentes del año 1928 de la Provincia de Buenos Aires. Antonio Lynch, dueño desde 1931 de la bellísima península Quetrihue, estaba casado con una Uribelarrea, emparentados estos últimos con los Anchorena. Integrantes de las familias Peralta Ramos, Bullrich, Llavallol, Sánchez Elía y varias más, contribuyeron igualmente a “iluminar” sobre todo los alrededores de Villa La Angostura.

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Esa es otra historia

Extraído de:  Travesía, Descenso por el río Limay. Tierras, indios, pioneros, colonos… Una vuelta por el Parque. De Federico Ivanissevich. Editorial EDUCO


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