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Guañacos, el pueblo que se había quedado sin tierras

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Un fallo ordenó su desalojo en 1968. Tres años después se las devolvieron.

Un fallo ordenó su desalojo en 1968. Tres años después se las devolvieron.
Un terrateniente inició un juicio de desalojo y lo ganó, por lo que las 59 familias que estaban asentadas tuvieron que irse para darles paso a las topadoras que se llevaron por delante la escuela, los sembrados y los canales de riego que le daban el sustento al pequeño paraje (Foto: Rodrigo Tarruella)

Un fallo ordenó su desalojo en 1968. Tres años después se las devolvieron.

Corría el mes de mayo de 1968 cuando los pobladores de aquel pequeño paraje fueron sorprendidos de una medida judicial que los marcaría para siempre.

Un terrateniente inició un juicio de desalojo para los lotes 3 y 4 de la Fracción C, sección XXXIII de Catastro debido a que sostenía que aquellas tierras eran de su propiedad y no de los campesinos que las estaban ocupando durante varias generaciones. El fallo judicial fue favorable a Alberto Plantey -el dueño que inició la acción judicial- por lo que las 59 familias que estaban asentadas tuvieron que irse para darles paso a las topadoras que se llevaron por delante la escuela, los sembrados y los canales de riego que le daban el sustento al pequeño paraje.

Resignados y desesperanzados, los campesinos fueron a ver a Felipe Sapag, quien había dejado su cargo de gobernador por el golpe de Estado de 1966. “No puedo hacer nada”, les dijo Felipe, aunque les prometió que si algún día volvía a gobernar la provincia haría todo lo posible para devolverles la tierra. “Les doy mi palabra”, les dijo.

El destino quiso que aquella charla que tuvieron con el líder del MPN no quedara muy lejana en el tiempo. En 1970, el presidente de facto Juan Carlos Onganía tuvo que recurrir a Sapag para que se hiciera cargo de la provincia como interventor, debido a volatilidad social que se vivía en este rincón de la Patagonia.

Después de la masiva protesta durante el Choconazo, a fines de 1969, Onganía vio conveniente que la provincia fuera dirigida por un político con experiencia como Sapag y por eso es que le ofreció el cargo.

Apenas Felipe retomó las riendas del gobierno, el 5 de marzo de 1970, se acordó de la charla que había tenido con los desesperados pobladores y la promesa que les había hecho. Así, una de las primeras medidas que tomó fue la conformación de una comisión integrada por el sector legal del Estado y funcionarios afines a la producción para encontrar una solución a la expropiación de las tierras de Guañacos.

La tramitación de esta nueva medida fue larga y complicada, pero la firme posición de Sapag de cumplir con su palabra llegó al extremo de decidir per se la reposición de las tierras a aquellos que habían sido desalojados en 1968, aun con la negativa de las autoridades nacionales.

Los campesinos, que ya se habían radicado en distintas ciudades del Alto Valle y del centro de la provincia, fueron anoticiados de la buena nueva y el 27 de abril de 1971 concurrieron en un colectivo rentado por la provincia para viajar al acto que organizó el gobierno para el día siguiente en las que alguna vez habían sido sus tierras.

La comitiva estaba integrada por todo el gabinete y también por el entonces jefe de la VI Brigada de Montaña, Alberto Numa Laplane. Cuando los funcionarios habían llegado a Chos Malal y se preparaban para dirigirse al acto, fueron alcanzados por el subsecretario de Economía, Eduardo Moreta, quien había viajado de urgencia desde Neuquén para entregar un “télex” del gobierno nacional que desautorizaba aquella medida.

Sapag reunió a sus colaboradores para darles la noticia y convocó al general Numa Laplane, a quien le dijo que llevaría a cabo el acto por más que no contara con el apoyo de Onganía y que de persistir aquella negativa del gobierno nacional renunciaría a su cargo de gobernador.

Ese 28 de abril, los antiguos pobladores participaron de una ceremonia histórica en la que el gobernador les restituyó formalmente las tierras que les habían expropiado hacía 3 años.

De regreso a la capital, Sapag justificó su decisión de expropiarlas para devolvérselas a los pobladores, en un enjundioso memorándum enviado a Onganía. Además, puso a disposición del presidente su renuncia al cargo de interventor. El general leyó las argumentaciones una y otra vez hasta que finalmente las aceptó.

Desde entonces, aquel grupo de vecinos retomó sus actividades campesinas y comenzó a desarrollar ese lugar que con el tiempo se convertiría en el pueblo de Guañacos.

(Agradecimiento al historiador Héctor Castillo por sus aportes)

FECHA
21 de abril de 1988.

Fue el día que se creó la comisión de Fomentos de Guañacos, a través del decreto del gobernador Pedro Salvatori.

Fuente: La Mañana de Neuquén – 22 abril 2016 – Mario Cippitelli

 

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