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Zapala, 1940 – (segunda parte) – La trastienda electoral

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La trastienda del acto electoral

Año tras año, las batallas por acceder al control del Concejo Municipal se hacían más reñidas, y en los días previos a un acto eleccionario la actividad desplegada en todos los ámbitos era febril. En ella terminaba por involucrarse gran parte de la sociedad.

Aquella noche del sábado 6 de abril, cerca de las 21 horas en plena veda electoral, una mujer no se sorprendió cuando vio llegar a su casa  a Nicolás L. que venía a buscar a su esposo. Dijo que Etcheluz quería hablarle urgente, y que sería un momento nomás porque irían a buscar votantes. La mujer había escuchado decir que Nicolás L. era del partido político de Etcheluz, y por eso a pesar de que su esposo estaba ebrio, lo dejó ir. Dos días después, lunes, no había vuelto… Ella sospechaba que fue llevado a algún sitio para que no votase en las elecciones del domingo…

La exposición de la mujer pareciera que logró inquietar al comisario, aunque no fuera extraño que la noche anterior a las elecciones se saliera a reclutar votantes; y por otra parte, era una práctica bastante corriente que por la veda alcohólica, debida a las elecciones, los hombres se reunieran a beber en los establecimientos que circundaban la ciudad. Pero el interrogante era por qué el esposo no había regresado finalizado el acto eleccionario. Con cierta diligencia el comisario no sólo inició el correspondiente sumario, sino que salió personalmente de recorrida por la zona.

En poco tiempo le fue revelado el misterio cuando por la huella que llevaba al negocio del turco Jalil, encontró no sólo al marido ausente, sino a toda una comitiva de supuestos perdidos que venían despacito masticando la resaca de la noche anterior. Allí lo fueron poniendo al tanto de lo ocurrido: La misma noche del sábado “… en ocasión en que se dirigía al comité del partido democrático comunal con José P., Delfín S. y Antonio N., se les acerca Nicolás L. en un camión, que dijo ser de Etcheluz diciéndoles que los llevaría al comité pero que antes, pasarían por la chacra de Dalmiro T. donde se estaba armando una farrita, (…) en la chacra había mucha caña y vino para beber y carnearon dos lanares, habían muchas personas allí. Luego, por indicación de Juan T. (….) cerca de diecisiete personas fueron subidas a otro camión. Cree que el camión era de José Carro. Llevaban un tarro lechero con vino y media res para ir a comer más asado por ahí, antes de volver a la localidad. Él estaba ebrio cuando subió a la caja del camión. Cuando despertó estaban en Picún Leufú Bajo, en el negocio de un tal José Jalil. (…) preguntó porque no volvían, el chofer dijo que se habían quedado sin nafta… Allí estuvieron hasta que los encontró el señor comisario. Otros habían decidido volverse a pie, por la huella. Afirma no tener enemigos personales, ninguno de ellos recibió malos tratos que el diciente sepa…”

La situación se aclaró aún más cuando fue citado quien había conducido el camión hasta Picún Leufú. Esa noche “… en el comité del Partido Concentración Popular, Carro lo envió a su casa a preparar el camión que iba a salir para Picún Leufú y debía ponerse a las ordenes de Juan T. Así lo hizo…”

Este expediente judicial resultó muy interesante por diversas razones. En principio la justicia consideró como acusados a las personas que ejecutaron la acción, es decir a sus autores materiales: el conductor del camión y quienes trasladaron a estos hombres hasta la chacra. De hecho, el expediente fue caratulado como “secuestro de personas”. Pero en ningún momento se cuestionó a quienes podrían considerarse como los instigadores de la acción. Cuando José Carro fue citado a declarar, argumentó que él sólo había pedido al chofer de su camión que fuera a entregar una carta al Sr. Jalil. Es claro que estos personajes supieron armar muy bien sus coartadas. ¿Cómo se resolvió el caso?. La causa se diluyó porque las personas involucradas no fueron forzadas a concurrir a la chacra mencionada; simplemente fueron objeto de una tentación. Desde esta perspectiva, ninguno de los invitados tuvo reparo en asistir a la fiesta, aun sabiendo que era de un “contrario político”. Esto se debía a que las rivalidades por razones políticas no eran cuestiones a dirimir en este ámbito de la sociabilidad zapalina. Por el contrario, todos los testigos citados a declarar en la causa sostuvieron no tener enconos personales con ninguno de los otros participantes del hecho. El incidente en la estación dio cuenta que éstas hostilidades se jugaban en otros escenarios. ¿Habrán perdonado la picardía de Concentración Popular los miembros del Partido Democrático Comunal? A juzgar por los bastonazos recibidos por José Carro (h), un mes después, podríamos pensar que no…

Acto cívico-1940 aprox- Calle Sarmiento y Roca - Zapala
Acto cívico-1940 aprox- Calle Sarmiento y Roca – Zapala
Caminos cruzados: las relaciones entre la prensa y la política

A medida que el siglo avanzaba, los caminos de la prensa y la política también comenzaron a enlazarse. Las lealtades sostenidas desde los diferentes periódicos locales quedaron al descubierto y se manifestaron en la virulencia de sus discursos. De tímidos observadores en un comienzo, devinieron en críticos despiadados, participando activamente de las compulsas políticas de la época.

Martín Etcheluz fue una figura influyente y controvertida en la vida pública de Zapala. El editor de la Voz del Territorio fue cosechando múltiples enemistades, algunas solapadas pero muchas de ellas claramente manifiestas, que buscaron expresarse a través de estos editoriales que se lanzaron a la cacería de “el Lince”. Como era de esperar, las campañas de difamación terminaron generando rencores difíciles de reconciliar.

En ocasiones, los hechos denunciados revestían cierta gravedad. Las palabras vertidas por los medios no ahorraban calificativos para los funcionarios y sus adversarios. A pesar de ello, mientras no hubiera querellas formales, la Justicia Letrada no tomaba cartas en el asunto ni para comprobar la veracidad de las denuncias ni para castigar las maniobras difamatorias, hasta que algunos de los involucrados se decidía recurrir a ella:

“… vengo a entablar formal querella criminal, por el delito de injurias en contra del Director del periódico La Cordillera (…) y contra el autor del suelto titulado “concejal renunciante en Zapala”….El ánimo de injuriar es tan evidente y claro, como la gratuidad de la misma injuria…” A propósito de esa presentación, la contestación de M. Etcheluz no se hizo esperar: “… V. S. como juez ecuánime, como hombre de conciencia debe llevar con su fallo la tranquilidad a un hogar, audaz y canallescamente profanado por los deshagos de gentes del hampa, que solo la tolerancia que emerge de una sociedad incipiente (…) en la que aún encuentran campo propicio los aventureros, los audaces bucaneros en los mares de la honra ajena… Los hijos de madres desconocidas, (… ) el hijo de judío amamantado en la gerencia o portería de los prostíbulos pugnan por igualarse, por codearse y alternar con la gente decente (… ) se empeñan por hacer descender de su pedestal a los que conquistaron con sus méritos, su vida de labor y su honestidad acrisolada , un lugar destacado en el medio social…”

Este tipo de acusaciones cruzadas solía fundamentarse en la misión casi “apostólica” del periodista… “el periodista de alto y sano concepto que vela constantemente por el bienestar social y los intereses del territorio expresa sus ideas ampliamente, ataca sin piedad ni miramientos las partes vulnerables donde se asientan las larvas perniciosas persiguiendo su total extirpación y flagela al funcionario cuando comete acciones ilegales. Esta es su misión…” Claro que no todos coincidían en la supuesta misión… “estos libertos no tienen título alguno y menos moral para salpicar con su baba ponzoñosa a funcionarios que se encuentran por encima de la misma que arrastran esos seres que se dicen periodistas…”

Los periódicos de la época permitieron exponer y ventilar ante la sociedad las rencillas personales entre estos actores que detentaban el poder público. Y en especial cuando una elección se acercaba.

Gran parte de los conflictos que se suscitaban respondían por un lado al abuso de poder de quienes ejercían cargos públicos; por otro, al uso y abuso de quienes manejaban los medios periodísticos. En una sociedad tan pequeña, ambas funciones a veces coincidían.

Cuando estos casos se resolvían en la Justicia, que en la década del cuarenta ya tenía una presencia significativa en el territorio, el camino recorrido por los expedientes solía cumplir la misma rutina. Las causas se iniciaban con la exposición sumarial del damnificado, quien presentaba las editoriales en cuestión como pruebas de la ignominia a su integridad personal. Bajo la carátula ” Calumnias e Injurias”, el expediente se complementaba con las citaciones a los acusados. Lo interesante a observar es que muchas de las veces era el mismo damnificado quien eludía su presentación en la Justicia, por lo cual la causa terminaba diluyéndose o caducando; y ante esta circunstancia, los acusados quedaban sobreseídos. En otros casos, la falta de pruebas para comprobar las denuncias también terminaba en el sobreseimiento de las causas. ¿Debemos entender con esta actitud que la acción que le daba origen a un expediente terminaba siendo encauzada por otras vías? Es probable que en realidad muchas de estas acusaciones pudieran realizarse como parte de un conjunto de estrategias implementadas entre adversarios políticos para sembrar dudas sobre sus contrincantes.

La febril elección municipal finalmente culminó y con ella va llegando a su fin también este relato. Los periódicos sólo dijeron que en Zapala, el Partido Democrático Comunal que lideraba Martín Etcheluz logró imponerse por un margen escaso a su contrincante Concentración Popular. “El acto transcurrió dentro de la mayor corrección, los territorianos, nuevamente han dado una demostración de cultura electoral.”

Martín Etcheluz - Intendente de Zapala
Martín Etcheluz – Intendente de Zapala
Epílogo

El análisis de los expedientes reveló que a partir de la década del treinta, gran parte de las causas tramitadas bajo la carátula de “Calumnias e Injurias” crecieron de manera vertiginosa en esos años, aunque la mayoría de ellas culminó con el sobreseimiento de los inculpados. Para la Justicia, este tipo de delitos era de acción privada (nace y muere por voluntad del ofendido) por lo tanto, si el querellante no comparecía eludiendo la causa, esta quedaba sin efecto; y si era el acusado quien no se presentaba, si bien podía culpárselo por desacato, pero lo habitual era que las mismas terminarán proscribiendo.

La finalidad última de todas estas prácticas era acceder a los espacios de poder existentes y se complementaron con otra clase de estrategias. El origen de las redes interpersonales, fue producto de las actividades económicas que desplegaron estos actores y en todos los casos fueron muy diversificadas. En este sentido, los lazos parentales ayudaron a acceder a cargos dentro de las empresas familiares o a vincularse con otras familias de prestigio en la región, y fundamentalmente tuvieron la capacidad de movilizar influencias en el ámbito de las instituciones.

Unas últimas notas para la historia que dio inicio a este relato. Nuestros cuatro protagonistas fueron sometidos a indagatorias y careos sucesivos. La versión que dieron de los hechos no era compatible y hasta resultó contradictoria. Quizás en parte por esa razón se citaron más testigos, los meses transcurrían y nuevas fojas fueron engrosando el expediente. El gallego García resultó acusado y se le decretó prisión preventiva. ¿Pero por qué? Él no fue quién había dado de bastonazos a Carro, (aunque quizás se extralimitó al tironearlo de las solapas). Tampoco fue él quien había sacado el arma de fuego. Aun así debió esperar en la prisión a que el juez dictaminará sentencia. Su abogado defensor solicitó la presencia de más testigos, él argumentaba y contraargumentaba, pero la fiscalía no aceptaba atenuantes. Entretanto, el resto de los protagonistas de este relato continuó con sus vidas. El fin de esta historia llegó junto a la sentencia. El Juez dictaminó que por “persistente fuga, nocturnidad, escasa educación e instrucción moral de sentimientos…” García debe cumplir un año y seis meses de prisión. Ante las palabras del poder, el poder de sus palabras no sirvió como atenuante. ‘Pobre infeliz’, habrá pensado su defensor al recibir la sentencia, ‘ hazte la fama…’

 


Extraído de: Relaciones peligrosas. Violencia política y prensa en el Neuquén territoriano: 1920-1940. De Susana Debattista. Algunos partes han sido sintetizadas para su mejor lectura. Link al original Aquí
Fotos: Gentileza Museo Municipal de Zapala


 

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