Sur y Limay

El Chocón, un sueño demasiado caro (1965)

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En 1899, una gigantesca crecida de los ríos Limay y Neuquén, afluentes del río Negro, devastó una extensa región del norte de la Patagonia. Desde entonces los pobladores de la región, cada vez más numerosos, saben que una espada de Damocles pende sobre sus cabezas; creen o confían en que el desborde no volverá a producirse. De suceder, los daños no serían inferiores a los 20.000 millones de pesos, que es el valor aproximado actual de los cultivos de la zona de influencia. Todo lo hecho por el hombre en el valle del Río Negro, en más de 60 años de esfuerzos, se perdería. Para ahuyentar esta amenaza existe un solo medio: reducir en forma permanente el caudal del río Negro a 4.500 metros cúbicos por segundo. La fórmula para alcanzar este objetivo tiene un nombre gastado por el uso, pero siempre renaciente: El Chocón.

Prevenir las inundaciones de una vasta región argentina es, sin embargo, sólo uno de los objetivos que persigue el proyecto de erigir una presa en El Chocón, una angostura en el curso del río Limay. Los otros propósitos son: ampliar la zona de riego que actualmente es de 100.000 hectáreas, llevándola hasta las 650.000 hectáreas, y producir energía eléctrica mediante dos centrales hidráulicas que llegarían a generar cerca de 5.000 millones de kwh para distribuir entre cuatro provincias (Neuquén, Río Negro, La Pampa, sur de Buenos Aires). Es uno de los proyectos de obras públicas más ambiciosos que se hayan trazado en la Argentina, pero al mismo tiempo el más caro. En su magnitud reside la dificultad —esencialmente financiera— de llevarlo a cabo.

La maqueta del Chocón construida y conservada en Francia
La maqueta del Chocón construida y conservada en Francia

El proyecto —sueño o quimera— tiene ya una historia añeja; pronto cumplirá treinta años. En sus casi tres décadas, la idea creció, cambió, se eclipsó y volvió a erguirse. Sus alternativas:
• En 1938, una comisión de técnicos de la Dirección General de Irrigación que buscaba el lugar apropiado para construir un gran embalse de llanura en la cuenca baja del río, que permitiera regular todo el Limay, encontró la angostura denominada El Chocón. Dos años más tarde, la misma repartición comenzó a instalar en las márgenes del Limay y el Neuquén las estaciones de aforo, fundamentales para medir y conocer los ríos y preparar los datos básicos requeridos por cualquier obra de endicamiento.
• En 1953, la Administración Nacional del Agua trazó el primer Programa Hidráulico Nacional, en el que se hablaba concretamente de realizar el embalse frontal del río Limay en El Chocón y de desviar el río Neuquén hacia la cuenca de Cerros Colorados.
• En 1954, la actual empresa estatal Agua y Energía Eléctrica, a cuyo poder pasaron todos los antecedentes, intensificó el estudio de El Chocón realizando las tareas geológicas y topográficas para completar el proyecto.
• En 1957, la Comisión Asesora de Planificación Hidroeléctrica, cuyo titular fue el ex vicepresidente Isaac F. Rojas, elaboró un plan de ejecución de centrales eléctricas y aconsejó «la inmediata realización de la presa y central hidroeléctrica El Chocón y sus instalaciones complementarias», sin mencionar a Cerros Colorados. Se llamó a licitación el 16 de mayo y se obtuvo el concurso de dos firmas. Neyrpic Argentina SRL ofertó provisión y montaje de maquinaria por industriales de Francia, Italia e Inglaterra (u$s 134 millones y m$n 518 millones); obras civiles por un grupo argentino 2.506 millones y coordinación de trabajos, a cargo de Neyrpic (u$s 2.100.000 y m$n 195 millones). Electrodine EN cotizó solamente para la línea de transmisión de electricidad. Las propuestas fueron rechazadas por considerarse altos los precios e inadecuada la financiación. El PE autorizó a Agua y Energía a adjudicar directamente la construcción del campamento, obras accesorias y demás instalaciones (costo $ 219 millones).
• En 1960 (habían transcurrido ya dos años del gobierno de Frondizi) se conoció un informe elaborado por un grupo de consultores norteamericanos e ingleses sobre los problemas energéticos argentinos; no se consideraba en él satisfactoria la sola realización de El Chocón, y de esa manera se volvió a revisar el proyecto iniciando un proceso que culminaría con la reedición del complejo Chocón-Cerros Colorados.
• En 1961 se conoció otro informe: fue el encomendado por una Comisión del Senado a las firmas consultoras Italconsult (italiana), Sofrelac (francesa) y Harza Engineering, relativo a las zonas de influencias de los tres ríos; los consultores resolvieron recomendar el estudio integral de la obra Chocón-Cerros Colorados.
• Las mismas firmas fueron contratadas por Agua y Energía Eléctrica, que usó un préstamo del BID para la realización de un informe técnico, económico y financiero, cuyos dos tomos, conocidos en 1962, se definieron a favor de la ejecución de la obra. Un año después, el mismo grupo recibía el encargo de continuar la tarea hasta su última etapa: confección de las bases de la licitación. Este tramo es el que quedó terminado el mes último.
• El 26 de octubre pasado, el Poder Ejecutivo envió al Senado el proyecto de ley por el que se autorizó el llamado a licitación de las obras y se previeron los recursos financieros internos para su construcción. El proyecto será tratado en prioridad por el Congreso en el próximo período ordinario de sesiones.

Descontado el interés principal para la zona, el del riego (se prevé llegar a las 231.000 hectáreas regadas en 1973, las 367.000 en 1983 y las 650.000 en el año 2.000), el suministro de energía eléctrica es una utilización que importa a un sector más amplio del país. Si el llamado a licitación se realizara en 1966, seis años después (1972) podría entrar en servicio la central El Chocón (900 MW de potencia) y la línea de transmisión hasta Buenos Aires (una de las más largas del mundo: 1.100 kilómetros de extensión, con una capacidad de 500 kilovoltios). En setiembre de 1975 entraría en servicio la central Planicie Banderita (Cerros Colorados) con 300 MW de potencia.

La energía se venderá con prioridad dentro de la zona. «Si necesitan 100.000, 200.000 ó 300.000 kilovatios se los daremos», dice el conductor del proyecto, Conrado Storani, presidente de Agua y Energía. Esos 100.000 kilovatios iniciales se venderán al costo (amortización de los préstamos más intereses). En el Gran Buenos Aires, donde se colocaría el resto, se vendería al precio de la tarifa que estén cobrando Segba e Ítalo; de esta manera se obtendría un 40 % de utilidad, igual a la diferencia entre los costos de El Chocón y los precios que fijan las dos compañías que atienden al Gran Buenos Aires.

Conrado Storani, presidente de Agua y Energía
Conrado Storani, presidente de Agua y Energía

En el proyecto de ley enviado al Congreso se indicaron diversas fuentes financieras para el equivalente a 203 millones de dólares que demanda la inversión local: 10 centavos de sobreprecio a los usuarios por cada kwh consumido y 100 pesos por cada metro cúbico de petróleo crudo a refinar; emisión de hasta 10.000 millones de pesos en obligaciones, de los cuales los primeros 500 millones serán tomados voluntariamente en las entidades que agrupan al personal técnico y obrero de Agua y Energía; esta empresa podría vender, además, parte de sus bienes para reforzar la financiación. «El país —asegura Storani— no va a invertir en esta obra ni un solo peso que no sea reembolsable.»

Tal como está programada, la financiación interna ya empieza a cosechar críticas; los observadores financieros que tuvieron tiempo de analizarla puntualizan que los impuestos a la energía eléctrica y al petróleo que se refina, constituyen un método crudamente inflacionario: el sobreprecio se trasladará posteriormente a los costos industriales y, luego, al consumidor.
Pero no es ese aspecto el dominante para la suerte del proyecto: si la obra se realiza o no, es cuestión que quedará reservada a las posibilidades de obtener financiación para las compras que deben realizarse en el exterior: 155 millones de dólares.

La semana pasada, Conrado Storani confesaba desconocer qué clase de gestiones realiza en estos momentos en Europa el ministro de Economía, vinculadas al proyecto de El Chocón. Esa había sido, sin embargo, una de las escasas razones que Juan Carlos Pugliese esgrimió para justificar su gira sospechada de turística.

El propio Storani había recorrido Europa y Estados Unidos, en mayo último, para visitar al ya organizado «Grupo Internacional de Construcciones para El Chocón», que integran las secciones de la industria especializada europea, más nueve firmas francesas, cinco italianas, una inglesa, con la perspectiva de algún aporte alemán.

Según Storani, esas empresas han ofrecido varios esquemas financieros aceptables, con apoyo de la banca europea, en los cuales los plazos de amortización varían de 12 a 20 años, con tres de gracia iniciales para comenzar los pagos y tipos variables de interés, crecientes según se extienden los plazos. «Pero todos esos esquemas -insiste Storani- responden a la autofinanciación del proyecto, sobre la base de que el complejo va a generar un caudal de energía eléctrica que de ser producidos por fuentes térmicas costarían, sólo en combustibles, 40 millones de dólares anuales».

Tanto Storani como uno de sus colaboradores más directos, Francisco Ortega (asesor legal y director de Agua y Energía), parecen convencidos de que las últimas dificultades se allanarán con la entrada a escena del Banco Mundial, del que se espera cumpla la función de «coordinador financiero general de todos los préstamos, cualquiera fuera su origen», esta gestión fue solicitada por el grupo europeo y, desde entonces, los contactos con el Banco se hicieron frecuentes: casi semanalmente los funcionarios —conocidos en la Argentina— David Knox y Gerard Alter hacen llegar nuevos pedidos ampliatorios de información que se cumplimentan de inmediato. Según Storani, las autoridades del Banco Mundial, que aún no se han pronunciado sobre el pedido de refinanciación que les fue formulado, «están dispuestas a tomar esa tarea de coordinación y a efectuar un aporte en dólares cuyo monto no ha sido establecido aún».

Francisco Ortega reboza optimismo: «Volvimos de Europa impresionados por el interés categórico que mostró el grupo de empresas por participar en las obras y financiarlas adecuadamente. Sumado a eso el interés que se está tomando el Banco Mundial por la evolución del proyecto, vemos que El Chocón-Cerros Colorados ha dejado ya de ser sólo una ilusión. El Banco Interamericano de Desarrollo, también va a colaborar. Felipe Herrera nos dijo que, por su cuantía, esa inversión no es para ellos pero que, en cambio, podrían financiar aspectos colaterales del plan general en el que está incluida la obra. Se están preparando todos los elementos que requiere el Banco: llenaremos unos cuatro volúmenes de 800 a 1.000 páginas».

Fuera de la órbita de Agua y Energía Eléctrica, los entusiasmos parecen más enfriados: para la mayoría de los expertos consultados por Primera Plana la financiación externa parece un escollo insalvable, por lo siguiente:
• La financiación que pueden ofrecer las empresas proveedoras europeas, según los antecedentes internacionales, es a 15 años con un período de gracia de 3 años; dentro de esos plazos se estima que la financiación puede incrementar los costos entre un 40 y un 50 por ciento.
• La posibilidad de bajar esos niveles mediante la competencia entre los proveedores es irreal: en las licitaciones internacionales los precios se conversan previamente entre los ofertantes e incluso es de práctica dividir entre varios los distintos campos que abarcará cada uno.
• En las obras hidroeléctricas, el precio de los kilowats que se producen están en relación directa con un solo factor: el capital invertido. Si el interés es alto no hay posibilidad de compensarlo en los otros rubros (precio del combustible, mano de obra) como en las centrales termoeléctricas.
• Se estima que para que una obra hidroeléctrica sea redituable y no se acumulen excesivamente las cargas financieras, los plazos no deben ser menores a 25 años ni los períodos de gracia inferiores a 3 o 5 años.
• Sólo el Banco Mundial puede brindar una financiación de esa naturaleza y de la magnitud requerida, pero esa institución no acostumbra financiar a proveedores ni refinanciar sus créditos.
• Una mecánica semejante —no igual— aceptó el Banco en el caso de la usina de Dock Sud, pero para eso fue necesario que se canalizara como un crédito directo y que, por otra parte, los acreedores (proveedores) ingleses aceptaran postergar sus vencimientos de cinco a nueve años. Los expertos del Banco Mundial dejaron aclarado que ese recurso se empleaba excepcionalmente, por única vez.
• El Banco Mundial exige, para otorgar préstamos para la instalación de centrales eléctricas, tres condiciones básicas: la creación de un organismo autónomo (caso Segba), el llamado a licitación internacional con participación del Banco para evaluar las propuestas y, finalmente, una política de tarifas que acuse los costos peales y asegure así el reintegro de las inversiones.

En una oportunidad anterior, el Banco Mundial estudió el proyecto hidroeléctrico de El Chacón (no incluía Cerros Colorados) y dictaminó que la producción de energía eléctrica podía encararse incorporando gradualmente usinas termoeléctricas y que el otro propósito —el riego— no justificaba por sí sólo la inversión. Después de eso se incorporó el proyecto Cerros Colorados y se agregó un motivo más conmovedor para justificar la obra: prevenir las inundaciones. Es imposible saber hasta qué punto estas novedades harían cambiar de criterio al Banco Mundial.

Entre tanto, otro problema ha quedado sin resolver: la participación que podría corresponderá a la industria argentina en la provisión de materiales y equipos. En junio último, diez establecimientos se agruparon para peticionar en común por un lugar en el proyecto, al margen de las obras civiles. Ofrecían conductores de energía eléctrica, transformadores, esclusas, válvulas, construcciones metálicas, generadores.

Ingeniero Raúl Ondarts
Ingeniero Raúl Ondarts

El ingeniero Raúl Ondarts describe su difícil situación: «Las empresas argentinas no están en condiciones de ofrecer, como las europeas o las norteamericanas, financiaciones sobre equipos a 10 y 15 años. Las autoridades deberían arbitrar un mecanismo financiero especial para este caso, que mejore al actual sistema de redescuento».
Ciertamente, sería paradójico que la obra pública más ambiciosa que encara la Argentina se realizara sin un aporte sustancioso de la propia industria argentina.

El proyecto C.C.C.
El complejo hidroeléctrico El Chocón – Cerros Colorados, está integrado por el siguiente conjunto de obras:
1) El Chocón:
a) Presa sobre el río Limay, de 70 metros de altura sobre el lecho del río y un ancho de coronamiento de 2.200 metros. Formará un embalse de 825 kilómetros cuadrados (una vez y media el lago Nahuel Huapi) ;
b) Toma y tubería de presión para la Central de electricidad;
c) Central hidráulica, con seis grupos de 150 MW, con una potencia instalada de 900 MW (ampliable a 1.200 MW)
d) Evacuador de crecidas de cuatro compuertas.
2) Cerros Colorados:
a) Azud sobre el río Neuquén;
b) Derivación en Portezuelo Grande hacia la cuenca Los Barreales-Mari Monuco;
c) Obra de guardi y canal alimentador de la Central; Central hidráulica en Planicie Banderita (potencia instalada 300 MW); descarga al río Neuquén.
3) Línea de transmisión de energía eléctrica desde todo el complejo, de 1.100 kms de longitud (hasta el gran Buenos Aires) y de 500 kilovoltios.
Las obras estarán emplazadas en la región llamada del Comahüe, palabra que en la lengua indígena de la región significa «lugar desde donde se divisa» o sea mirador. Se cree que se le dio ese nombre por la sierra Boca, en la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, desde donde se divisan los dos cursos de agua y todo el alto valle del Río Negro, formado por ambos ríos.
La región del Comahüe está limitada por el río Colorado, desde el límite cordillerano chileno hasta el océano Atlántico; el Atlántico hasta el paralelo 42, y el paralelo hasta el límite cordillerano con Chile. Abarca una superficie de 410.000 kms cuadrados (12 por ciento del territorio nacional) y están radicados en la región 720.000 habitantes.

Trabajos y materiales

La monumental obra demandará realizar los siguientes trabajos o utilizar estos materiales:
Excavaciones en tierra o roca: 20 millones de metros cúbicos.
Terraplenes para diques: 22 millones de metros cúbicos.
Hormigonado: un millón de metros cúbicos.
Hierro redondo y estructural: utilización de 100.000 toneladas.
Cables para líneas de tensión y transmisión: 35.000 toneladas.
Aisladores: 630.000 unidades.

Esperando al Chocón

«Aviso a la población: Ante la ya real falta de agua en algunos sectores de la ciudad, te comunica al pública en general la prohibición del lavado de vehículos v veredas así como del riego de quintas y jardines, en el horario comprendido entre las seis y las 24 horas. El no cumplimiento de esta disposición será reprimido con las sanciones correspondientes.»
Neuquén, octubre de 1965.


En el centro de Neuquén, un local de 10 por 8 metros se alquila con una llave de cien mil y 32 mil pesos por mes. Un rancho de adobe con excusado no baja de los 8.600 mensuales; una casa medianamente aceptable está alrededor de los 27.000 pesos por mes. La gente que tiene algún terreno, alguna casa, no la vende ahora a ningún precio.

Es que Neuquén ya vivió la euforia del dólar. El taxímetro Pinchieri recuerda todavía a los rubios clientes a los «que se les podía cobrar cualquier cantidad» (y un viaje en taxi cuesta allí como mínimo 50 pesos; no tienen reloj); 500, 700 pesos, eran tarifas absorbidas sin dificultad por los americanos. En ese momento treparon también los alquileres, una institución desconocida en Neuquén; la llave, empezó a oscilar entre los 30 y los ciento cincuenta mil pesos, los precios no se quedaron atrás, tampoco, y en muchos renglones superan hoy a los de Buenos Aires.
Claro que hay quienes esperan, sobre todo, un cambio de mentalidad simultáneo con la iniciación de las obras. El doctor Gregorio Alvarez, médico, profesor de Antropología y Toponimia en la Universidad neuquina, afirma que Neuquén «está llamada a ser la provincia más importante del país, que El Chocón obrará el milagro, permitiendo que tres millones de personas pueblen las tierras, en su mayoría fiscales, que son hoy un árido desierto».

No es tan optimista el peluquero de la calle Juan B. Justo 77: «No van a hacer nada -refunfuña en su castellano confuso-, hablan y hablan, no más. Mire, estaban por instalar buena luz acá. ¿Y? El gobernador se pelea con el gobierno nacional, que si son 300 millones, que si no son. Además, ojalá que no se haga, los alquileres se irían a cien mil pesos».

José Guglietti, farmacéutico de la Avenida Argentina, está eufórico: «Dicen que hasta se va a poner una fábrica de portland, la cuestión es que se empiece a trabajar; inmediatamente esto cambia«. Menos optimista, el que se dedica a óptica en el mismo local, interrumpe: «Sí, pero va a pasar como en Comodoro, que la carne costaba 800 cuando acá valía 100. Nosotros, los comerciantes, no vamos a tener problemas, y tampoco el que venga si consigue casa; pero la gente modesta… Una casa miserable, pero miserable, cuesta ahora 15 mil mensuales».

José Gaviglio, procónsul de Italia, se queja porque le frustraron una sana intención: la de instalar un barrio de 70 casas en las puertas de la ciudad. Eso fue en el 52; «ahora la crisis de viviendas es más brava que nunca y no sé qué van a hacer si hay una afluencia muy grande de gente». Mario Pojmaeveh, chacarero, cree que el gobierno piensa hacer un edificio de dieciséis pisos, pero no está muy seguro.

El Ingeniero Osvaldo Kebuffi (43 años, casado, dos hijos) de Agua y Energía de la Nación (en Agua y Energía de la provincia nadie quiso hablar), es algo reticente, y prefiere remitir a Primera Plana a las autoridades norteñas de la repartición, pero coincide con la mayoría de los entrevistados en el aspecto viviendas aunque en el caso particular de El Chocón cree que «a pesar de ser una gran obra está en un pie de igualdad con otros planes de aprovechamiento hidráulico como el de La Picasa (Colonia Limay- Centro Picún Leufú)».

Carlos Alberto Montarcé, de 28 años, oficial de Justicia, piensa «que ahora sí se va a hacer El Chocón. El ingeniero Pedro Salvatori, subsecretario de Estado de la Provincia, vicepresidente del Consejo de Planificación, al recibir en la Casa de Gobierno a Primera Plana, se empeña en demostrar que para ellos El Chocón no es más que un paso dentro de un planteamiento ambicioso. En realidad, «sería mejor hablar de la provincia que espera al Chocón», sugiere.

Esa provincia, según el doctor Alvares, tiene «tierras increíbles que hoy las ve y son un desierto, pero apenas las toca el agua se vuelven fértiles». Además, «el agua está ahí no más, parece», apunta Ramón Jure (ex universitario porteño, de 29 años, casado, dueño de un quiosco en la Avenida Argentina), pero la bomba para extraerla y las cañerías pueden costar más de cien mil pesos, y ésa es la esperanza que trae El Chocón, Eduardo D’Anna (casado, una nena) recuerda la visita del doctor Storani, de Agua y Energía, que los informó profusamente sobre los alcances del proyecto. Cuatro estudiantes de Ciencias Agrarias de la Universidad reconocen —a su vez— que están muy al tanto de ese asunto porque el Decano convirtió a El Chocón casi en tema de estudio. Uno de ellos presiente que de ahí, del cilindrico edificio de la universidad, van a salir «los enormes contingentes de técnicos que exigirá El Chocón».

En la Intendencia, Felipe Ulloa, que trabaja con el Secretario de Gobierno y Asuntos Sociales, cree que el mayor lastre que soporta ahora la provincia es el de los especuladores que esperan a El Chocón solamente para que valorice sus terrenos.

El ingeniero civil e hidráulico Moriconi (casado, tres hijos) confiesa que el sólo hecho de que se hiciera la décima parte del proyecto, «equivale a 1.000 veces el desarrollo para la provincia y, sobre todo, para la actividad privada que va a tener que ponerse a tono con la obra.«

«Creo que van a cambiarle la cara a la ciudad pero, a pesar de las publicaciones, desconfío de que se haga El Chocón por el problema financiero. El gobierno que firmó los contratos petroleros era legal, éste también, ¿qué garantía real tienen los inversores?, y, además, ¿le prestarán a un país que ya gira en descubierto? El problema local es que la mayoría de los habitantes son empleados con ganancias congeladas. La gente de paso, que cada vez es más, al pagar cualquier alquiler, hace que éstos se vayan por las nubes». Algo que habrá recordado Rubén A. Acosta, técnico mecánico de 17 años, cuando acotó, nostálgicamente: «antes, usted iba por la calle y todo el mundo se conocía, hoy esto parece Buenos Aires».

Roberto Vitale (un activista político de la misma edad) se manifestó preocupado por «el terrible problema de los chilenos; mire, el 18 de setiembre, para la fiesta de ellos, el cónsul —suponemos que estaría en copas— se puso a gritar la Patagonia, es nuestra, la Patagonia es chilena, y los de Chile hacen casi la mitad de la población de acá: ese día, Neuquén parecía una provincia chilena».

En Neuquén los salarios no consiguen arañar un nivel aceptable. Un policía no pasa de los 8.000 pesos y se cuenta que casi doscientos de ellos se presentaron para cubrir cinco vacantes en la Delegación de la Policía Federal, La razón: un sueldo que redondea los 20 mil pesos. Una sirvienta gana 1.200 pesos por su trabajo, y otros 1.500 si su «patrón o patrona tiene un negocio», musitó una de ellas. «La mía tiene peluquería; después de ocuparme de la casa tengo que ayudar en el local; a la noche, vuelvo a ocuparme de la casa.»

Otra de las razones que justificaría El Chocón afloró en la charla de uno de los estudiantes de Ciencias Agrarias: «Me contaron que en 1914 casi desaparece el Neuquén, que la crecida llegó hasta las bardas (los montes que enmarcan la ciudad) y que tapó ciudades enteras».

A casi dos horas de micro desde Neuquén, en Río Negro, Alberto Gadano (casado, 1 hijo), Intendente de General Roca, cree que «no es posible condensar todo lo que El Chocón va a provocar: no sólo la obra terminada; en cuanto la empiecen a hacer, la demografía va a temblar. En unos años, en la calle habrá 2 millones de habitantes.»

Apenas a media hora de Neuquén, la localidad de Centenario es un conjunto de casas de adobe, donde la vinchuca hace estragos. En medio de un enorme barrial, algunas casas de ladrillo, antiquísimas, y a no pocos negocios modernos, no alcanzan a dar la imagen de una ciudad. Quizá la diera más un insólito y flamante mangrullo, plantado frente a la plaza y la iglesia, para el aniversario del lugar.

En la iglesia, el padre Stábile se ocupa en que los chicos se pongan a jugar al fútbol sin pelearse. Antes de subir a un embarrado Citroen, explica en cocoliche que «questo asunto del Chocón hay que preguntárselo a lo intendente». Pero sería hermoso para darle pan a los habitantes de Centenario, un lugar en el que «no hay ningún peligro de inundaciones». Esa opinión no compagina con la de Edith de Piderello, dueña de Foto Venezia, que asegura, justamente, «que todos andan muy asustados por el asunto de las inundaciones. Y aunque yo no sé casi nada del Chocón, ojalá se haga». «Hace 4 meses, el río Limay quiso llevarse el pueblo«, acusa la adolescente Noemí Montenegro. Su padre, Gumersindo Montenegro, dueño del Hotel-Bar, presidente del Centenario, al escuchar la palabra Chocón, suelta una carcajada: «Es tan viejo ese cuento». Cuando termina de reírse, explica que a él también le interesa que se haga, «pero no por eso que hablan por ahí, de un peligro de inundaciones. Si hay un dique a 14 kilómetros del pueblo, ¿de qué peligro hablan?»


9 de noviembre de 1965
Revista Primera Plana

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Esa es otra historia

Fuente: http://www.magicasruinas.com.ar


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