La confluencia

Neuquén Capital: Balsas sobre el río Neuquén.

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El primer servicio público de pasaje del río Neuquén, de­ acceso a la actual capital, del que se tenga memoria, lo instaló en la orilla neuquina el comerciante y funcionario Ce­lestino delI’Anna, establecido en la barranca donde años más tarde haría pie el puente carretero, librado oficialmente al tránsito el 20 de febrero de 1937. Esto no excluye, natural­mente, que se utilizaran botes para salvar el peligroso cauce cuando no ofrecía vado viable, en especial para el manteni­miento regular de las comunicaciones militares. Puede decirse que Dell’Anna (italiano de origen) fue el primer poblador permanente y comerciante afincado con efectividad en la Confluencia, pues ya en marzo de 1892 se le había nombrado comisario de tablada del 5to departamento con sede en este lugar, donde residía (después de haber sido comisario policial en otros), y en febrero del 95 fue designado junto con dos comerciantes más, también del 5to, Juan Carro y David Cogan, para realizar una memoria detallada o censo de las casas de comercio, industriales, etc., establecidas en la extensa jurisdicción departamental (Censo Nacional de 1895). Estaba casado con Tri­nidad Carro, española, hija de Antonio Carro Puente y Anto­nia Carro Crespo. A partir de 1897, en que vino a radicarse don Enrique Carro (hermano de Trinidad), el pasaje estuvo a su cargo por un tiempo.

Balsa sobre el río Neuquén. Al fondo se puede ver el puente ferroviario.
Aprox. 1910 – Balsa sobre el río Neuquén. Al fondo se puede ver el puente ferroviario.

La construcción del puente ferroviario no solucionó el pro­blema del cruce del río, porque sólo podía pasarse a píe y con riesgos aceptados, permitiéndolo la empresa sin ninguna responsabilidad. Como no tenía calzada, había que ir pisando de durmiente a durmiente entre las vías, como por un anda­rivel de unos 450 metros de largo, con el consiguiente peligro del vértigo a la vista de la correntada bajo los pies. Más tarde el espacio entre rieles se fue cubriendo con chapas clavadas sobre los dur­mientes,  haciéndose así menos insegura la cruzada de los peatones.

Las variaciones del cauce imponían, por otra parte, perió­dicos cambios de ubicación de las instalaciones de balsa y sus atracaderos en ambas orillas. No era raro que hubiese dos servicios instalados y uno solo en función, según lo permitiera el estado del río.

Don Francisco Bueno obtuvo la concesión en marzo de 1905, para el trasbordo de cargas y pasajeros en el río Neuquén, que retiró en 1907. Por tal razón y porque se le había concedido sin privilegio alguno, en agosto de este último año se le otorgó permiso a Godofredo Yelén (lancha «La Svea») para establecer un pasaje de balsa 300 metros aguas arriba del puente del F. C. Sud. Estas balsas ya eran de capa­cidad y condiciones reglamentadas por la Gobernación: 8 me­tros de largo por 3 y medio de ancho, con cubierta y baran­dillas de seguridad de un metro y medio; funcionamiento de sol a sol, salvo necesidades urgentes policiales, en cuyo caso debían funcionar sin horario y gratuitamente para el servicio oficial.

Igual concesión obtuvo Niceto Alanís en agosto de 1910, para establecerse a 100 metros aguas abajo del puente ferroviario. En noviembre liberó el pasaje al servicio público.

Un progreso de consideración se anotó cuando en julio de 1915 cuando se autorizó una balsa a vapor, 80 metros más abajo del cruce del ferrocarril, junto con el derecho de peaje de un puente sobre el canal Roca (zona de Cipolletti), que era tam­bién un serio obstáculo al tránsito. Tales servicios se adjudicaron, a petición suya, a José Rodríguez, el popular y dinámico «gallego Rodríguez«, que tuvo líneas de automóviles y otras iniciativas dignas de recordación. Tal vez por eso no pudo atender tantas empresas simultáneas y le fue caducada la doble concesión en agosto de 1917.

El problema de la comunicación a través del río Neuquén, con los servicios de balsa frecuentemente paralizados (por las crecientes) y con colas interminables de vehículos esperando turno, llegó a ser la más grave demora del progreso común y no se solucionó hasta la habilitación del puente carretero, si bien se podía pasar ya por el puente-dique de Contralmirante Cordero en caso de necesidad, haciendo un rodeo de 70 kilómetros.

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Esa es otra historia

Fuente: Recuerdos Territorianos – Los primeros años de Neuquén Capital, de Ángel Edelman


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