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Martín Bresler, una fuga de película (segunda parte)

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Venturas y desventuras

El relato de la hermana de Martín, Kurina Bresler que aludía a un nativo que lo ayudó a llegar a Chile, intenta ayudar a saber cómo continuó su vida de fugado luego de abandonar la Argentina, adquiriendo matices novelescos: El indio lo mantuvo un tiempo oculto en una cueva. Sin embargo, corrieron rumores y un francés que escuchó del tema le pidió a Martín que se pusiera en contacto con él porque lo iba a ayudar. El indio entró en comunicación con el francés y al final cuando supo que no era una trampa, accedió. El francés tenía documentación falsa y le aseguró que lo ayudaría a emigrar de Chile. La condición para ayudarlo era que Martín luchara dos años por Francia en la segunda guerra mundial. Martín lo hizo. Este tramo de la narración de Kurina, de tono fantástico… es coincidente con la azarosa vida de su hermano.

Poco se sabe de la permanencia de Bresler en Chile. Chaneton sostiene que trabajó en los salitrales y fue a Iquique donde compró documentos a nombre de Aurelio Carrillo Pougner, que sería el peruano que se los vendió. Con ellos se embarcó rumbo a Estados Unidos.

Los autores de una novela sobre su vida, Mario Romano y Guillermo Koffman, en palabras preliminares al relato, informan que las citas de expedientes y correspondencia son reales y transcriben una carta que Daniel Bresler le habría dirigido a su padre. En ella pide perdón por las angustias causadas a él y a la familia y promete reivindicar su situación. La misiva tiene visos creíbles, pero los autores no citan la procedencia o fuente que permitió darla a conocer.

A fines de 1916 Bresler aparece en Egipto, siguiendo lo que afirma Chaneton. De allí pasó a Marsella, donde se incorporó a fuerzas británicas como parte del ejército aliado.

Un año después revistió como instructor del ejército norteamericano en la División de Investigaciones Criminales de Francia. Terminada la guerra, en 1918 viajó a Londres donde se reunió con su esposa e hijos.

Con el ejército norteamericano volvió a Estados Unidos donde sirvió en la División Inteligencia y alcanzó el grado de sargento. Allí nacieron dos hijos: uno que llevaría el mismo nombre que el padre y el abuelo: Daniel Martín y otro, al que bautizaron Edwin Albert. Allí también obtuvo la ciudadanía norteamericana.

Tenía numerosas constancias certificadas de acciones honrosas que constan en un informe oficial que fue redactado por Santos Goñi, cónsul argentino en San Francisco, California, cuando el 20 de febrero de 1924 comunicó al Ministro de Relaciones Exteriores, que Daniel Martín Bresler se había presentado en el consulado, con el propósito de aclarar su situación de manera legal, definitiva y breve, ante la justicia argentina.

Martín Bresler
Martín Bresler

Aquí reaparece su verdadera identidad

En el consulado consideraron que había dado muestras de haber perdido la razón, por lo que no se atendió su requerimiento y le otorgaron una pensión de cien dólares. Al parecer, esa falta de atención lo decidió a embarcarse como marinero rumbo a Chile, de paso para Argentina.

Afirma Kurina Bresler en su relato: Adhirió a una secta cristiana muy estricta que tenía como ley más importante el mandamiento de la verdad. Así, un día decidió volver a la Argentina para entregarse y explicar por qué tuvo ese comportamiento de rebeldía y -a través de la ley- conseguir su rehabilitación. Todavía en Chile, le advirtieron que eso era peligroso, pero su conciencia no le dio descanso porque también quería que sus hijos tuvieran un apellido digno.

Por otra parte, Edelman, quien nuevamente tuvo oportunidad de conversar con Bresler, cuenta en Recuerdo Territorianos: “Ramón Moreno Torres estaba al frente de la policía de San Martín de los Andes cuando Bresler se presentó en el destacamento fronterizo de Hua Hum, dependiente de su jurisdicción y a cargo de un primo suyo, el oficial Carlos Julio Torres.”

Ni bien se identificó, fue detenido, porque aquel pedido de captura en una Circular Extraordinaria de 1916 firmada por Eduardo Talero, no había perdido vigencia.

Continúa Edelman: “…Moreno Torres procuró hacer menos penosa la situación de Bresler, que vino a presentarse desde el extranjero, llevando sus favores al punto de garantizar de su peculio la compra de ropa en una casa de comercio, pues que venía desprovisto y sin recursos. Lo hizo conducir con custodia directa hasta Zapala, para ahorrarle rigores de aseguramiento en las comisarías intermedias, autorizando que hicieran un recorrido más largo y fuera de la ruta habitual para que se alojaran al cabo de la primera jornada en la residencia de una hermana de Bresler (casada), que le brindó las confortantes efusividades propias de tan larga separación y el apoyo necesario para su defensa”. En este reencuentro es probable que Kurina escuchara los relatos de Martín.

En agosto de ese año Bresler declaró negando todos los delitos que se le atribuían, excepto la herida causada a un policía cuando cruzaba el río Collón Cura, justificando sus disparos en defenderse de las armas policiales que le apuntaban.

Como no lo liberaban había dejado de comer y reclamaba por su libertad. Probablemente desesperado, llegó a golpear su cabeza contra las paredes de la celda, por lo que resultó herido.

A mediados de setiembre de ese año el juez Eduardo A. Ortiz decretó su prisión preventiva porque lo encontró culpable de homicidio, robo y otros delitos y libró mandamiento de embargo por $ 10.000. Su defensor oficial fue el Dr. Juan Gómez Aguerre, quien apeló las medidas sin éxito.

Es extraño que se presentara ante las autoridades dos años antes que prescribieran las causas que pesaban sobre él. Según Edelman y su hermana, había sido advertido de las posibilidades de encarcelamiento si volvía al país, porque las causas seguían vigentes. Se puede pensar que regresó porque se sabía o se sentía inocente. Si fue así -como probablemente haya sido- lo debió mortificar la situación por la que atravesaba y la imposibilidad de rehabilitar su pasado para dar a los hijos un apellido honrado.

En esta situación y como consecuencia de la conducta que mantuvo, lo creyeron loco y lo enviaron a Buenos Aires para que los médicos determinaran si estaba en su sano juicio o padecía alguna insania.

Durante el trayecto en tren se golpeó fuertemente la cabeza. Su hermana dice que se cayó; otras fuentes sostienen que intentó escapar del convoy en movimiento y sufrió un accidente. Y otras versionas aseguran que lo empujaron. Hay coincidencia en que volvió a lastimarse la cabeza.

Según Chaneton, “en el Hospicio de las Mercedes -hoy Hospital Neuropsiquiátrico Dr. Borda- informaron que padecía del delirio sistematizado de los degenerados y actualmente se encuentra en el mismo estado de su padecimiento mental… de acuerdo con el informe de los dres. Neumeyer y Del Solar.”

Allí permaneció recluido dieciséis años, durante los cuales recibió cartas de su hermano Albert, algunas de las cuales respondió. Se conserva el fragmento de una de ellas donde dice a Albert: “Tenéis que pensar cuántos hombres hay teniendo capitales deseando de ayudar (sic) a hombres trabajadores honrados, con familia y no perda (sic) la esperanza que en formas inesperadas Dios pueda cumplir nuestros deseos. Muchos recuerdos y besos a Ud. su señora y (sic) hijos, deseándote un feliz porvenir. Su querido hermano.” Y debajo está la firma, con el mismo trazo seguro de las registradas en 1914 que se mencionan en este artículo.

Pese a los traspiés en la redacción -comprensibles en una persona que hablaba seis idiomas- el texto tiene sentido común.

Como consecuencia de un edema pulmonar, Bresler falleció el 17 de abril de 1940 a los cincuenta y un años. El testimonio brindado por un familiar -según cita Francisco N. Juárez en sus documentadas notas periodísticas- la iglesia rechazó la posibilidad de darle sepultura cristiana.

Poco se sabe del destino de sus padres y hermanos en Quechuquina. En el Registro de la Propiedad del Neuquén figura la venta de tierras de Daniel Martín Bresler (padre) a la empresa La Constancia S.A.G. con escritura del 10 de agosto de 1918. Fue inscripta el 19 de ese mes, apenas dos años después de la fuga de la Unidad Penitenciaria N° 9 que iniciaron el desdichado itinerario de su hijo Martín Bresler.

Por las indagaciones periodísticas de Francisco N. Juárez, se sabe que su hermano Ryno se mudó a Bariloche y en los años ’30 y ’40 tuvo un comercio y fue corresponsal del diario La Razón de Buenos Aires. Alberto y Jasper se establecieron en Brasil. Kurina se casó con un hacendado de apellido McDonald.

Carlos Bresler -hijo de Kurina en su juventud y del chileno Charpentier- administró una estancia en Lago Hermoso y fue Intendente del Parque Nacional Lanín entre 1949 y 1954. Los hijos del infortunado prófugo, permanecieron en Estados Unidos al lado de su madre. Los varones -Henry, Daniel Martín y Albert Edwin- vistieron uniformes militares norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los nietos del protagonista de esta dramática historia -que parece surgida de la película biográfica de un aventurero- llevó el nombre Martín, como su abuelo.

De persona a personaje legendario

La fuga de la Unidad N° 9 es el hecho policial más notorio en la historia de la provincia del Neuquén hasta la fecha. Los asesinatos de evadidos en Zainuco y la muerte violenta del notable hombre público y periodista Abel Chaneton que las denunció, generaron gran repercusión en la prensa nacional de la época.

A esos episodios se agregó el nutrido anecdotario cuasi aventurero vinculado con Bresler. Las declaraciones de los evadidos que volvieron a la cárcel, señalándolo como uno de los responsables del plan de fuga, de atropellos y asesinatos, agregaron rasgos dramáticos y a la vez novelescos, a su historia.

Dos años después de la fuga, Benito Lynch, el conocido autor de “El inglés de los güesos” publicó el relato de dieciocho páginas titulado “La evasión”, en “La novela semanal”, exitoso folletín que apareció entre 1917 y 1926 y llegó a superar los cuatrocientos mil ejemplares en alguna tirada. Esa obra está inspirada en los hechos neuquinos.

María Rosa Montero, investigadora del CONICET que analizó en profundidad la literatura de Benito Lynch, dice: El hecho de que “La evasión” transcurra en el por entonces territorio del Neuquén, constituye ya una rareza en el conjunto de la obra del novelista. Pero las pautas que la narración misma proporciona permiten sospechar elementos de la realidad de su época que influyeron no sólo en la determinación del escenario sino también en el factor desencadenante de la tragedia. El conflicto que desarrolla es el de un idilio paralizado por desavenencias más o menos triviales entre los novios, y resucitado, por decir así, a causa de un hecho aparentemente tangencial: la evasión de presos de un penal de la zona.

Más adelante agrega la investigadora: El aspecto de mayor interés para nuestra perspectiva es la ruta que puede irse trazando de la huida de los presos, coincidente en muchos detalles con la que Lynch presenta en su obra.

Otro hecho que alimentó la leyenda de Bresler fue en 1946 cuando se trasmitió por LU5 Radio Neuquén, de la Red Splendid, el relato “Episodios novelescos que son páginas de la historia neuquina” de Angel Edelman.

Siete décadas después, en setiembre de 1989, durante el ciclo radial titulado “Historias de mi pueblo”, la Compañía Radioteatral de Rolando De Biassi y Jorge Edelman -familiar del periodista citado del mismo apellido- trasmitió el radioteatro en veinticinco capítulos titulado “La trágica evasión de 1916”. La emisión se hizo por LU5 Radio Neuquén.

Más próxima en el tiempo, Mario Romano y Guillermo M. Koffman, oriundos de Cipoletti, publicaron la novela “¿Quién conoce a Martín Bresler?”, una ficción de Ediciones Corregidor.

En setiembre de 2008, con la interpretación de Marcelo Lirio en el rol protagónico se estrenó “Bresler”, unipersonal del reconocido dramaturgo Alejandro Finzi. Dirigida por Carlos Ceppeda, la obra realizó una gira por Patagonia y distintas ciudades del país hasta llegar a un escenario de Buenos Aires. La puesta en escena fue premiada. La Patagonia, tierra de extensiones, desmesuras y deslumbramientos, ha dado espacio a incontables historias, extensas, desmesuradas y deslumbrantes como ella. Fue también escenario de la dramática y singular trayectoria de Martín Daniel Bresler.

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Extraído de:
Puesta en Valor Histórica Cultural de la ruta de Neruda: del paso Ilpela en la frontera con Chile a San Martín de los Andes. – La ruta de escape de un poeta chileno de la región de Futrono a San Martín de los Libres, de Andreas L Doeswijk. Educo – Editorial de la Universidad Nacional del Comahue – 2015. Capítulo: Los Holandeses – Martín Bresler, de Ana Maria Mena
El texto contiene párrafos que han sido resumidos y/o adaptados para su mejor lectura.


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