La confluencia

La cárcel que se construyó en el medio del desierto

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Cárcel de Neuquén
En la documentación oficial consta que la edificación de chapa con piso de tierra de la primera cárcel de Neuquén, fue emplazada en el predio que hoy ocupa la Comisaría Primera.

Cuando el gobernador Carlos Bouquet Roldán decidió el traslado de la capital del territorio a la Confluencia, esto implicó también el traslado de todas las dependencias administrativas y junto con ellas la cárcel que funcionaba en la primera capital, Chos Malal.

Según los relatos que obran en los documentos oficiales y textos de Eduardo Talero, el viaje fue penoso y durante quince días debieron soportar el clima extremo del invierno por esos caminos desérticos del territorio.

El 2 de agosto de 1904, Talero, interinamente a cargo de la gobernación, emprendió el viaje desde Chos Malal hacia la Confluencia acompañado por el médico Julio Pelagatti, el contador Carlos Casamayor, el secretario Emilio Rodríguez Iturbide, el subcomisario de policía Horacio Sautú, empleados, policías, etc.

Al llegar los internos a la Confluencia, se realizó una construcción provisoria con dos pabellones y dependencias anexas. Fue inaugurada en octubre de 1904 por el director de la vieja prisión, José María Pérez. En la cárcel pública se alojaron 40 reclusos, entre penados y encausados, y funcionó en esas instalaciones desde octubre de 1904 hasta julio de 1911.

En la documentación oficial consta que la edificación de chapa con piso de tierra fue emplazada en el predio que hoy ocupa la Comisaría Primera. La inseguridad de la edificación originaba sucesivas fugas, por lo cual se debió planificar la construcción de un edificio más seguro y adecuado para esta función.

Por decreto del 25 de noviembre de 1908, el presidente José Figueroa Alcorta nombró inspector de obras de la construcción de los pabellones a Fernando Cerdeña.

Los terrenos destinados al nuevo edificio se ubicaban en plena barda en los arenales de la zona alta de la nueva capital.

Según el nuevo proyecto, la cárcel se conformaría con cinco pabellones celulares, oficinas de dirección y un juzgado letrado. La construcción fue interrumpida por falta de fondos hasta 1911, cuando se inauguraron los dos primeros pabellones.

La edificación no contaba con muralla perimetral ni con muro que la rodeara, una grave omisión, pues esta falta de seguridad llevó a que se produjeran fugas posteriores.

En diciembre de 1911, apenas cinco meses después de su inauguración, los constructores Pellegrini y Cía. solicitaron a la Administración Pública Nacional la devolución del edificio por falta de pago. El Ejecutivo de la Nación resolvió no dar lugar a la restitución.

En 1916 continuaron las obras de mejoramiento del predio, se emparejó el terreno y se construyó la enfermería, la cocina y la guardia.

En 1937 se habilitaron las primeras casas para el personal superior.

Las obras continuaron lentas y espaciadas durante toda la década del 40 hasta que se empezaron a reemplazar paulatinamente los viejos pabellones.

Las obras de remodelación continuaron por varios años y a medida que crecían los espacios se habilitaban talleres de mosaicos, zapatería, mecánica, sastrería, carpintería, encuadernación.

Estos cambios convirtieron la cárcel de Neuquén en una unidad productiva y a los presos en trabajadores-artesanos.

Un hombre que cambió el sentido que tenía la prisión

Recordar la historia de la cárcel de Neuquén sin mencionar a este histórico personaje es desconocer las raíces de la institución y su exitosa gestión reconocida en los medios de prensa de la época.

Rafael Castilla fue designado por el Poder Ejecutivo nacional en 1910 como director de la cárcel de la ciudad de Neuquén.

Entre 1911 y 1936 se desempeñó en ese cargo y realizó una importante actividad socio-cultural en la capital neuquina.

Hombre con una mentalidad progresista y humanitaria durante la fructífera labor al frente de la institución, realizó la gran transformación de la cárcel.

A su solicitud, autorizado por el Ministerio de Justicia, en 1911 se crearon los talleres de herrería, zapatería y carpintería. En estos se realizaron diversas actividades manuales e industriales; los internos también realizaban actividades culturales, tenía la concepción de una cárcel productiva.

Su gestión se extendió por 25 años, bregó para que los reclusos desarrollaran actividades educativas, artísticas y culturales, así surgió la banda de música dirigida por el maestro Nicolás Ecónomo. Falleció en 1936 cuando tenía 58 años.

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Esa es otra historia

Fuente: Elsa BezerraLa Mañana de Neuquén – 16 de enero del 2017


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