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Baigorrita, el último cacique Ranquel

Campaña Vacunación

Baigorrita, el último y más valiente de los caciques ranqueles. Murió el 18 de julio de 1879, a orillas del río Neuquén, a poco de dejar el Colorado, linde sur del dominio ranquelino. Fue el único de los caciques expulsados de las pampas que prefirió morir peleando, antes que rendirse a las fuerzas militares que guarnecían las costas de aquel río.

Baigorrita, el último cacique Ranquel

Tuvo gran trascendencia en la primera fase de la campaña al Río Negro y Neuquén, ya que  la captura y muerte de Baigorrita, determinó la retirada, de la IV División del Ejército hacia el norte del Neuquén, desde cuyo fuerte, en Chos-Malal, había iniciado su cam­paña el 12 de mayo de 1879. Esta División fue la que sobrellevó el mayor peso y responsabilidad de la campaña. Fue la primera en ponerse en contacto con los indios picunches, del norte del Neuquén, y la primera en ocupar toda la línea del río Neuquén, sin cuya estrategia no hubieran podido ser detenidos los indios que huían de las pampas hacia la cordillera. Tuvieron que afrontar los asaltos, sorpresas y robos de caballadas de los lanceros del cacique José Félix Purrán, que se calculaban en poco más de mil, y además debían moverse de norte a sur a lo largo de la margen izquierda del río Neuquén con precarios medios de aprovisionamiento, caballos fla­cos, despeados, sobre travesías sin agua ni pasto, en lo más rigoroso del invierno, que hacía más penosa la tarea de batir a los indios que se dirigían a los pasos vadeables de este río.

Cuatro fueron los caciques principales que desde sus respectivas tolderías pampeanas tomaron rumbo a las cordilleras del Neuquén para buscar refugio en las tierras de Purrán. Queipo y Namuncurá lograron pasar el río Neuquén antes que llegara a sus costas el coronel Uriburu, al mando de la IV División. El primero consiguió internarse en Pino Hachado y pasar a Lonquimay, en Chile; y el segundo llegó a tierras de su hermano Reuque Curá, en las costas del río Catan Lil. No tuvieron la misma suerte Painé y Baigorrita.

Baigorrita, el último cacique Ranquel

Baigorrita, inteligente y hábil para escurrirse, a pesar de no ser baqueano de la zona, no se dejó tomar tan fácilmente. Alcanzado por una partida, se defendió hasta no poder más y se dejó matar peleando a facón, para no caer prisionero de fuerzas que odiaba porque las consideraba desleales. Según él, Mansilla (Lucio V.) y Don Go­bierno, no habían cumplido la palabra que habían empe­ñado en junta solemne.

La honda tragedia de su captura y muerte ha sido descripta en base a datos fehacientes por el escritor e historiador neuquino don Félix San Martín:

…En sus inmediaciones (refiriéndose al lugar La­ñelo), el mayor Saturnino Torres, destacado con cien hombres desde el campamento do la IV División, situado en ese momento en las juntas del arroyo Covunco con el Neuquén, sorprendió el 15 de julio de 1879, al cacique Baigorrita, caudillo ranquel, que venía huyendo desde La Pampa con su familia y una pequeña escolta. A poco de trabado el combate, Baigorrita, montado en un magnífico caballo blanco, huyó seguido por algunos de sus hombres, que­dando toda su familia prisionera. Torres desprendió en su persecución al sargento Avila, quien a la madrugada siguiente dio alcance al fugitivo. De resultas de las heri­das recibidas en la pelea, al otro día murió, según reza el «parte», el último de los soberanos ranquelinos.”

“Las tribus ranquelinas como las salineras, sorpren­didas y batidas en sus dominios por la II, III y V divi­siones del ejército, al mando respectivo de los coroneles Levalle, Racedo y Lagos, buscaron dispersas su salvación en tierras de los aucas. Ignoraban que las líneas de los ríos Neuquén y Negro estaban ya ocupadas por las divi­siones IV y I, respectivamente; aquélla al mando del coronel Uriburu y ésta al del ministro de Guerra, Julio A. Roca, comandante en jefe de las fuerzas en campaña. Estas dos divisiones, cubriendo los pasos de aquellos caudalosos ríos, debían ser, de acuerdo con el hábil plan del general Roca, las destinadas a dar el golpe final a las tribus que vinieran huyendo de las tropas que batían el interior de la Pampa.”

Más adelante agrega:

“…Baigorrita, a mil kilóme­tros del arco de círculo que cortaba su retirada a la cordillera, llegó a él cuando éste ya estaba cerrado por las fuerzas de la I y IV divisiones. Venía en derrota, con su sola familia y algunos de sus capitanejos y lan­ceros de su escolta, en demanda de las quebradas andinas, donde sus hermanos de raza, ante el peligro común, habrían de prestarle auxilio. Pero Baigorrita, indio puro, no obstante su apellido español -era hijo adoptivo del coronel Baigorria- había de morir en la huida. En Paso de Indios estaba destacado el jefe más capaz de las fuerzas mandadas por el coronel Uriburu; el sargento mayor don Saturnino Torres, mendocino, que a las aptitudes propia de la carrera militar, unía las de un valor temerario y todas las habilidades y sutilezas del hombre de campo. Cien hombres escogidos, formados por él y como su jefe, entrenados para esa guerra, de ardides gauchos, vivían en el acantonamiento, atalayando el desierto. Mientras unos batían el campo en todas direcciones, los otros velaban con el cabestro en una mano y la carabina en la otra. Baigorrita vino a estrellarse contra esa barrera infranqueable, pagando con su vida a las poblacio­nes de la frontera, las angustias y depredaciones que los grandes caciques ranquelinos les hicieron sufrir des­de 1818.”

“Tenemos la versión directa de uno de los actores en la tragedia final de los ranqueles; el choiquero Diego Castillo, mendocino, muerto hace pocos años, a una avan­zada edad, en las inmediaciones de nuestra residencia. Sorprendido por la partida del sargento Avila, en la madrugada siguiente al día del encuentro, Baigorrita no quiso montar su caballo de batalla que uno de sus capi­tanejos le alcanzara enfrenado. Quitóse el poncho pampa que vestía y esperó a pie firme, con su larga lanza en la mano y su puñal en la izquierda, la carga que la partida de «choiqueros» le llevó: Perdidas sus tierras, su familia prisionera, muertos o dispersos sus lanceros, el último soberano ranquelino debió sentir lo irreparable de la tragedia de su destino y del de su raza. Y grande, aunque bárbaro, supo ser digno de su rango en aquel momento supremo de su vida. Hizo pie en el propio deslinde de aquella pampa en que sus mayores, y él a su vez, reinaron, cayendo con las armas en la mano. Si Baigorrita hubiera muerto en una carga al frente de sus hordas, allá en los campos natales, su fin no tuviera la grandeza trágica con que se nos presenta. Murió en la fuga, en el confín de la llanura que debió amar con toda su alma bárbara, después de la destrucción total de su poderío.”

“…Baigorrita, gravemente herido de bala y arma blanca, se negó a que lo condujeran al cantón de Paso de Indios. Lo cargaron en un caballo manso y él se arrojó a tierra y desgarró el vendaje de sus heridas. Resuelto a no sobrevivir a su derrota, pedía a gritos un arma para ultimarse. Fueron inútiles los esfuerzos del sargento Avila para, convencerlo de que se dejara llevar al campamento, donde se le curaría. Y hubo que matarlo, pues no eran momentos aquellos para que una partida suelta «anduviera esperando».”

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Esa es otra historia

Fuente: Baigorrita, drama histórico de la conquista del Neuquén, de Gregorio Álvarez, Editorial Pehuen


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