La provincia

La invasión Muluche. Reuquecurá, Sayhueque y Purrán se unen (entre 1860 y 1865).

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No se puede precisar la fecha exacta de este acontecimiento, pero podría ubicarse entre los años 1860 y 1865.


En el territorio que hoy ocupa Chile, en una de las regiones del territorio de Lauquen Mapu, conocida desde muy antiguo con el nombre de Boroa, vivía una parcialidad que ha dado motivo a muchas leyendas acerca de su origen, algunas tan fantásticas como las atribuidas a los fabulosos gigantes que vieron en la expedición de Fernando de Magallanes y que dieron origen al nombre del pueblo de los “Patagones”. Cabe mencionar que la denominación de las divisiones territoriales era anterior a la llegada de los españoles: Lauquen Mapu (país marítimo), Lelbun Mapu (país llano), Inapire Mapu (país subandino), y Pire Mapu (país andino).

En la época a que se refiere (aproximadamente dos décadas antes de la denominada campaña del desierto), era Toqui de Boroa el poderoso Ñum, señor de grandes riquezas, orador elocuente y atrevido guerrero. En sus sueños de gloria y poderío, encontrando estrecho el escenario nativo, llegó a proyectar apoderarse de las tierras al oriente de los Andes (el actual Neuquén), de donde procedían los innumerables arreos de ganado que los puelche (gente del este) llevaban periódicamente para cambiarlos por granos, alcohol y demás artículos de que ellos carecían.

Preparó la expedición con grande aspaviento, haciendo correr a sus emisarios por toda la tierra de su dominio, en aparatosa convocatoria para la empresa inminente. La thuthuca lanzaba su alalí de alarma de valle en valle, conmoviendo a las tribus con el anuncio impreciso de su llamada. En los «parlamentos» que precedieron a la expedición, excitaba la codicia de sus guerreros enumerando las riquezas fabulosas de los puelche, pastores opulentos. Sus ganados, sus tierras y sus mujeres serían el premio a su esfuerzo.

Parece que los pueblos que habitaban en aquellos tiempos lo que actualmente es la provincia del Neuquén no vivían desprevenidos y desconfiaban de sus vecinos Muluche. Es indudable que tuvieron noticias de los aprestos bélicos de Ñum, pues enviaron chasques a los caciques de la Pampa, pidiéndoles ayuda. El poderoso Purrán, con su sede en Campana Mahuida, también fue llamado.

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Los caciques directamente amenazados eran Reuquecurá, que imperaba desde el Paso del Arco hasta el arroyo Malleo, comprendiendo además de la cuenca del río Aluminé y la región del Catan Lil, y Sayhueque, el “Rey de los Manzaneros” como también se le llamaba, que ejercía dominio desde el Malleo hasta el río Limay, en la famosa región de los manzanares: Pehuenche se denominaba a la gente de Reuquecurá por vivir entre los bosques de pinos (araucarias); y Huiliche (gente del sur) a los de Sayhueque.

El Paso del Arco, el mejor que presenta la cordillera de los Andes en toda su extensión, por la amplitud del valle que lo forma, la naturaleza del suelo y por su altura sobre el nivel del mar (1874 mts.), flanqueaba por el norte los dominios de Reuquecurá, con excelentes caminos hacia el Sur y el Este. El de Pucón salía a la izquierda y a retaguardia de las tierras de Sayhueque, casi en el mismo deslinde con las de Reuquecurá. Por esas dos vías se lanzaron los Muluche.

Los que invadieron por El Arco venían al mando de Neculman , hijo mayor de Ñum y guerrero de tanta fama como su padre. Los que entraron por Pucón eran personalmente conducidos por Ñum.

El plan de los invasores era atinado y muy propio de su audacia. Neculman se interpondría entre Reuquecurá y las fuerzas que pudiera destacar Purrán en protección de sus amigos agredidos, cortándole a éstos toda posibilidad de recibir refuerzos y su retirada hacia «los centros», a las llanuras del interior, donde podrían recibir auxilio de las tribus mediterráneas. Ñum, cayendo por el flanco y a retaguardia de Sayhueque, sobre la red de los caminos interiores de los «manzaneros», cortaba en dos el país en que iba a operar, arrojando a su enemigo sobre el Collon-Cura, o el Limay, sin darle tiempo a reunir sus elementos de resistencia. La comunicación entro los dos cuerpos invasores era fácil a lo largo del Aluminé, pues los campos tácticos en que iban a operar sólo distaban treinta leguas uno de otro, sobre el mismo meridiano. Y treinta leguas para su eficiente caballería era sólo una jornada. La sorpresa del enemigo era el primer elemento del éxito de este plan de campaña.

Pero Reuquecurá y Sayhueque estaban prevenidos. Con anticipación habían retirado las familias y los ganados hacia las «travesías» y reunido sus hombres de pelea en lugares estratégicos. Sabían que sus amigos del interior acudirían a la cita de honor a que ellos les llamaran, pues para todos había llegado la hora suprema de defender la tierra, la patria hasta entonces inviolada. Les convenía eludir el encuentro hasta ser reforzados; y al tener noticias por los «bomberos» apostados a retaguardia, que el enemigo se aproximaba, maniobraron cubriendo los caminos que por sus frentes comunicaban con el interior y por donde debían llegar los auxiliares. Con ello obtenían también la ventaja de alejar al invasor de sus centros de recursos, fatigarles las caballadas si los seguían, y hacerles más difícil la retirada en caso de vencerlos. No tenían plazas que defender, pues la vida esencialmente pastoril de estas tribus, las obligaba a vagar de valle en valle, buscando buenos pastos, y sus ruca se construían en menos de un día.

Los Boroanos invasores obraron con rapidez, recelando que los puelche ganaran las llanuras y los llevaran demasiado lejos de la montaña, su medio natural.

Ñum fue el primero en chocar con el adversario, que lo esperaba para el combate en un terreno llano apto para el juego de su numerosa caballería, a cuatro leguas al Oeste del actual paso de San Ignacio (río Aluminé), lugar que desde aquel día se llamó Hueichanhue. Sayhueque obtuvo una completa victoria, aniquilando al invasor.

A su vez, Neculmam fue derrotado por Reuquecurá quien lo batió en una sangrienta batalla en las inmediaciones de Zainuco.

Pocos días después de haber sido vencidos los Muluche, llegaban a los dominios de Reuquecurá cuatrocientos lanceros de Purrán, que desde el norte acudían en auxilio de los Pehuenche. Sayhueque por su parte mandó chasques al encuentro de la fuerte división que desde la región pampeana enviaba Calfucurá acudiendo al llamado de los Huiliche, y en ayuda de su hermano Reuquecurá, para anunciarles el triunfo.

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Esa es otra historia

Fuentes:

  • Neuquén, de Félix San Martín.
  • Otra fuente consultada: Compendio de la historia civil del reyno de Chile de Juan Ignacio Molina

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