La provinciaNorte Neuquino

Todo empezó en el Norte Neuquino (parte II)

Por primera vez se realizaba una comprobación de la existencia de oro en el Neuquén, como resultado de una decisión de gobierno. Se decide emprender para la primavera del 1891, un gran trabajo exploratorio, que consistiría en remontar río arriba todas las quebradas de la Cordillera del Viento que desembocaban en el río Neuquén.
Esto excedía las posibilidades operativas del pequeño grupo exploratorio dirigido por Corydon Hall. Ante esta dificultad, llega el auxilio de la toponimia pehuenche del lugar. Se empezó a considerar como cosa seria el nombre del arroyo Milla-Michi-Có, oro debajo del agua. Precisamente, bajo las aguas del arroyo, se halló oro en gruesas cantidades.

De Chos Malal a Milla Michicó

La referida misión del ingeniero Hall estaba orientada a estudiar básicamente las características geológicas y los recursos económicos del lugar, pues esto es lo que permitía hacer una evaluación económica real del proyecto ferroviario en cuestión. En este concepto, una publicación de la época daba cuenta de sus descubrimientos en los alrededores de Chos Malal:

…carbón, petróleo, hierro, cobre, plomo, plata, sal, yeso, alumbre y nitrato. Mr. Hall está convencido que ha descubierto verdaderas minas de carbón en las que se pueden trabajar vetas de uno a dos metros.

Desde los primeros reconocimientos efectuados por el propio Olascoaga, los cateos de plata y cobre del ingeniero Burden en Campana Mahuida y otros lugares, hasta los descubrimientos precedentemente citados de Hall, todo convergía a demostrar el real interés que el tema de los recursos mineros había despertado en el ámbito oficial y privado.

En este contexto Olascoaga aprovechará la presencia del ingeniero norteamericano solicitándole que efectúe algunas exploraciones en las cercanías, con el propósito de comprobar la presencia de oro y nuevos minerales.

El trabajo de Hall se verá premiado con el descubrimiento, en 1890, de arenas auríferas en el lecho del Neuquén, en proximidades de Chos Malal.

La buena nueva animará al gobernador a insistir sobre una solicitud oportunamente elevada al Departamento Nacional de Minas y Geología, pidiendo por un ingeniero para relevar las riquezas minerales existentes en el Territorio.

La respuesta no se hizo esperar y prontamente el Gobierno Nacional envía al ingeniero de minas Arturo Gilderdale, quien no tardaría en sumarse a la actividad exploratoria del norteamericano.

Olascoaga atribuía a la intervención directa de Hall «quien hizo el hallazgo lavando personalmente dichas arenas», la posibilidad de afirmar que el descubrimiento del oro era «de la más rica calidad».

Era la primera vez que se realizaba una comprobación fehaciente de la existencia de oro en el Neuquén, como resultado de una decisión de gobierno y ello permitía abrigar los mejores augurios para el desarrollo de la industria minera en el lugar.

Olascoaga evocará, tiempo después -ya alejado del Territorio neuquino- y no sin humor, una imagen viva de esta circunstancia:

“Acompañé en estos estudios al doctor Hall. Desde su principio ellos tuvieron éxito satisfactorio, verificando la existencia de buen carbón de piedra en puntos próximos a Chos Malal, y otros productos valiosos.
A continuación se procedió a un cateo en el cerro Mayal Mahuida, once kilómetros y medio al Oeste de Chos Malal […] descendimos después del cateo al río, que por aquella época estaba en gran bajante y recostado al sur, dejando descubierta una vasta extensión de su lecho […] Hallábame con varios soldados y peones al pie de la barranca, todos esperando con ansiedad el resultado del lavado de arenas que se practicaba allá lejos, a orilla del agua, cuando de repente me llegó la voz de Mr. Hall que gritaba: There is gold ! Y al instante los soldados y peones, entre los cuales puedo asegurar que no había ningún políglota, exclamaron contentos: ¡Dice que hay oro!”

Entusiasmado con el descubrimiento, Hall decidirá explorar las quebradas río arriba verificando en la primera de ellas, por donde corría un débil arroyo conocido como Mayal Mahuida, la presencia de arenas auríferas tal como las que había encontrado en el río Neuquén. Esta nueva constatación le permite concluir la existencia de un yacimiento primario a partir del cual se explicaba la presencia del oro aluvional.

 Frente a este panorama, se decide a emprender para la primavera del año entrante -1891-, el gran trabajo exploratorio que consistiría en remontar río arriba todas las quebradas de la Cordillera del viento, que desembocaban en el río Neuquén.

Recorrido de la expedición de Corydon Hall.
Recorrido de la expedición de Corydon Hall. Del libro “Oro en la cordillera del viento”, de Hugo Alberto Bustamante, elaborada en base a la Obra de Olascoaga, “Topografía Andina”.

Se trataba del trayecto que se inicia donde el río Neuquén tuerce su dirección de este a oeste, recorrido en el que recibe los arroyos quebradeños más importantes de la cordillera hasta su encuentro con el arroyo Milla Michicó.

Cuando Hall emprende el viaje, en septiembre de 1891 hacia la cordillera del Viento, centro generador del oro, toma real dimensión de lo que significaba explorar todas las quebradas de dicha cordillera en el trayecto señalado. Pronto cae en la cuenta que aquello excedía las posibilidades operativas del pequeño grupo exploratorio que comandaba. Ante esta dificultad, el saber académico del «antiguo e inteligente mineralogista norteamericano» -como se había referido alguna vez Olascoaga-, será auxiliado por el conocimiento indígena aún vivo en la toponimia pehuenche del lugar. Y esta articulación de saberes cerraría el éxito de la aventura de Hall en busca del oro neuquino, abriendo el capítulo del inicio de la actividad de explotación en el distrito de Milla Michico – Malal Caballo:

“Lo que hizo anticipar el feliz resultado -recordaba Olascoaga- omitiendo la obligada exploración de todas las quebradas, fue el haber entrado a considerar como cosa seria el nombre indio de Milla-Michi-Có.
Se marchó directamente a ese arroyo, y allí, desde luego, en corta recorrida que se hizo aguas arriba, el práctico-minero comenzó a descubrir bajo las aguas el oro en gruesas cantidades. Era aquello, pues verdadero Milla-Michi-Có: oro debajo del agua. Encontróse luego en crecientes proporciones por todos los alrededores y quedó plenamente verificada la riqueza…”

Comienzos de la explotación del oro de aluvión

Tras la etapa de exploración y descubrimiento de arenas auríferas, primero en Chos Malal (1890) y luego en el Milla Michicó y arroyos afluentes (1891) que contenían una importante riqueza aurífera, se comenzó de inmediato la etapa de explotación, bajo la forma del lavado de arenas auríferas (oro de lavadero).

La primera solicitud formal de pertenencia minera efectuada ante las autoridades nacionales, será la de Corydon P. Hall en sociedad con Arturo Gilderdale, en enero de 1891. Ahora bien, en la nota de presentación, Hall y su socio afirmaban su condición de descubridores de arenas auríferas en el arroyo Mayal Mahuida (en el actual Departamento Chos Malal), por lo que solicitaban tres pertenencias de 10.000 metros cuadrados cada una.

De izquierda a derecha: Manuel Olascoaga, Corydon P. Hall y probablemente Arturo Gilderdale
De izquierda a derecha: Manuel Olascoaga, Corydon P. Hall y probablemente Arturo Gilderdale

Con El Dorado, nombre de esta primera concesión de un lavadero de oro, se inicia la historia de la explotación del oro neuquino, transformando a Hall y Gilderdale, de manera oficial, en los pioneros de esta actividad.

Y con su segunda concesión en 1892, La Margarita, ubicada sobre el arroyo Nuevo -tres pertenencias también de iguales dimensiones que las anteriores-, inician la explotación oficial del importante Distrito de Milla Michicó-Malal Caballo.

La iniciativa de estos mineros es seguida por otros interesados, en su mayoría inversionistas angloparlantes. Se trataba de gente allegada a Hall, amigos y parientes, que habrían considerado altamente ventajoso participar, de la mano de su descubridor, de la aventura del oro neuquino.

El año 1892 se cerrará con el otorgamiento por parte de la autoridad minera nacional, de seis concesiones, todas pertenecientes a estos mencionados inversionistas.

SolicitantesNombre de la MinaLugar
Corydon Hall/Arturo GilderdaleLa MargaritaMilla Michico
Willis Backer/A.M. BarnesLa María
M.T. Gilderdale/Basil GuyLa Clara
Alawson S. Hall/Lewis PhilipsLa Isabella
George Bischoff/M. AmelongLa Elsa
Roque Polarí/José DomínguezLa Amelia

Para 1893, habrá igual cantidad de solicitudes que las registradas el año anterior. La novedad es que a los nuevos, la mayoría también de origen anglosajón y no residentes, se sumarán respetables vecinos afincados en Chos Malal tales como Francis Albert, yerno de Olascoaga, de importante actuación en la administración pública y el periodismo neuquino; Enrique Dewey, comerciante y vecino influyente de Chos Malal y José Cámpora, de importante desempeño en el periodismo del Territorio y socio minero de Dewey. (Otros mineros argentinos que se incorporan, en 1894, a la lista de solicitantes de pertenencias son: Olascoaga -en sociedad con Hall-; Anselmo Oses; Guillermo Suffem -en 1895 lo hace en sociedad con Oses-; Alejandro Herrera -en sociedad con E. Dewey- y León D’achary en sociedad con H. Vergara, todos vecinos de Chos Malal)

El otro minero argentino que tuvo un rol importante en el nacimiento de la minería del oro neuquino, fue el mendocino Salvador Quiroga.

SolicitantesNombre de la MinaLugar
Norman Hall/A. LeightonCaliforniaMilla Michicó
J.F. Schultz/A.G. MackinnonMagdalena
C. Manifold/A.M. BradburyLa Carmen
E.S. Harvard/R. RobertsLa Aída
Francis Albert/M.MontesinoLa FortunaArroyo El Colo
Enrique Dewey/José CámporaLa Esterlina

La Compañía «Minas de Oro de Milla Michicó»

Hall será el impulsor de la formación de la primera Compañía aurífera del Territorio, que en sus inicios asume la forma de un sindicato integrado por ocho socios.
Hacia 1894, esta primera Compañía denominada Sociedad Anónima Minas de Oro de Milla Michicó, se amplió transformándose en la Sociedad Anónima Nuevas Minas de Oro de Milla Michi-Có, integrada por socios ingleses, franceses y norteamericanos, y que tendrá a Hall como administrador. Arturo Gilderdale será su secretario y James Hocking su presidente -tal como lo indica su firma en los títulos de dicha Compañía.

Los inversores que habían acompañado a Hall en 1892, habrían constituido el eje de la nueva sociedad al transferir a la misma el conjunto de sus pertenencias solicitadas en ese año.

Con la nueva Compañía y como resultado de nuevas inversiones de capital, se reorganizarán los procedimientos de trabajo bajo la dirección técnica del mencionado y experimentado ingeniero Hocking. Su presencia posibilitará un mayor impulso a la producción, a través de la introducción de herramientas en cantidad adecuada, mejoras en el confort de las construcciones e incorporación de mano de obra calificada -operarios extranjeros- para el trabajo en los lavaderos.

La respetable sociedad de norteamericanos y europeos calificados despertaba la especial consideración de las más altas autoridades de gobierno, hecho que se dejaba ver en los esfuerzos que estas realizaban, tendientes a preservar la seguridad de los bienes y labores de la compañía frente al peligro siempre latente del bandolerismo.

Se sumaba a aquella consideración el hecho de que el oro encerraba una cierta magia que lo hacía diferente a la explotación de otros minerales, y también en que, en estos calificados mineros e inversionistas, se corporizaba la primera empresa aurífera del Territorio.

El mismo Presidente de la República, Dr. Uriburu, fue anoticiado personalmente por Hocking, de las interesantes perspectivas de éxito que se le abrían a la Compañía. En el encuentro, y sabiendo que las palabras serían insuficientes para expresar tan venturoso porvenir, enmudeció al presidente poniendo ante sus ojos un gran lingote de oro.

Los capitalistas extranjeros -como no podía ser de otro modo-, estructuraban sus relaciones con el poder político oficial, en función de los requerimientos de apoyo y auspicio que una actividad económica como la minera demandaba.

Por ello no veían obstáculo ético en el hecho de presentar la explotación del preciado metal, como una causa en la que sus intereses particulares podían ser honrados con la participación de hombres de gobierno.

En este respecto, dos eran los destinatarios a los que apuntaban los inversores en la etapa formativa de aquella Compañía: el ex-gobemador del Territorio, coronel Olascoaga y el mismísimo Ministro del Interior, Julio Roca. Pero el intento de asociar a estas figuras públicas cediéndoles títulos en la Compañía en ciernes, no tuvo éxito.

Con todo, la Sociedad Nuevas Minas de Oro de Milla Michi-Có, que había logrado «despertar esperanzas bien halagadoras en los resultados llamados a producir ese establecimiento tan bien montado y dirigido», no tuvo larga vida. Paralizó sus actividades hacia 1898, luego de sostener hasta el año anterior el trabajo de ochenta peones. Por esos años se afirmaba que los lavaderos comenzaban a agotarse y no daban los beneficios esperados, y es en ese marco donde habría que situar las causas del cierre de la Compañía que comandaba Hall.

La inactividad en la que quedó sumida la Compañía dio lugar a que los futuros trabajos en sus pertenencias, adoptaran una modalidad desprolija e irregular, tal como se venía desarrollando en algunos establecimientos fijos.

Esta modalidad -que Rawson denunciaba porque no cumplía con lo prescrito por el Código de Minería- consistía en el hecho que las pertenencias pasaban de mano en mano, sin que se constatara en el lugar de trabajo mejora alguna en cuanto a incorporación de herramientas, construcciones, canales, etc., tal como lo mencionaba el Código, para las concesiones que tenían el carácter de establecimiento fijo.

Los que quedaron a cargo de las propiedades de la Compañía Nuevas Minas de Oro de Milla Michi-Có, no tardaron en cederlas a terceros -sin mediar trámite oficial alguno- los que a su vez las transferían de igual manera a otros interesados.

A tal punto se llegará con la serie de traspasos, que en algún momento estas pertenencias irán a parar a manos del Cónsul de Chile en Neuquén, Sr. Gándara. La modalidad final, consistió en subarrendar a mineros ambulantes, pequeñas áreas de trabajo en los aluviones.

Algunos de estos mineros no esgrimían otro derecho para ocupar aquellas pertenencias, que la condición de abandono en que la Compañía comandada por Hall las había dejado.

Ante el reclamo de los propietarios, el gobierno nacional ordena a las autoridades territoriales procedan a detener los trabajos, expulsen a los intrusos y decomisen todo el oro que se haya extraído. Para evitar que sean tomadas herramienta o maquinarias, se ordena dejar una custodia en el establecimiento.

Era el fin de la primera Compañía aurífera que se había instalado en el distrito. También, el anuncio del retiro definitivo de Corydon P. Hall y el de su destino trágico.

Fuera de esto quedaba, como telón de fondo, la fatiga de los arroyos, una y otra vez sometidos al incansable trabajo del minero.

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Publicación declarada de interés por el Congreso de la Nación (355-D-20 y 1392-D-2021 / OD 391) y la Legislatura del Neuquén (2373/18), por su aporte al conocimiento e historia del Neuquén.


Extraído del libro: Oro en la cordillera del viento, (minería aurífera y sociabilidad, en los parajes cordilleranos del norte nequino, 1890 – 1920) Primera parte, de Hugo Alberto Bustamante.


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