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¿Y los presos?

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Se había inaugurado la flamante capital del territorio (Neuquén). Los empleados y funcionarios estaban estrenando nuevas oficinas. Hasta los muebles y archivos ya habían llegado al pueblo de Neuquén. Sin embargo, había algo que no se había tenido en cuenta: ¿Cómo se iba a trasladar a los 40 presos que todavía permanecían en la cárcel de Chos Malal (antigua capital)?

El juez letrado, Patricio Pardo, recibió un telegrama del Ministro de Justicia que le fijaba el 10 de agosto como fecha para cerrar el Juzgado y trasladar sus pocas pertenencias a la nueva Capital. Esa fue la única disposición que le fue notificada; de allí en adelante, todos los preparativos que parecían simples de organizar se convirtieron en una verdadera peripecia: se carecía de carros, caballos y muías para trasladar a los presos y al personal del Juzgado y no había suficiente personal de vigilancia para custodiar durante el trayecto del viaje delincuentes tan peligrosos. Y para colmo de males, no se disponía de dinero para afrontar todos los gastos que demandaba semejante travesía.

Entre el 7 y el 14 de agosto el juez Pardo envió numerosos telegramas al gobernador Bouquet Roldán pidiendo, a veces desesperadamente, los elementos necesarios para poder cumplir con la orden que se le había impartido. Solicitó que se le abriera una cuenta en el comercio local para comprar los enseres que necesitaba, pero nunca le contestaron. Propuso enviar la mitad de los presos, para no comprometer en la custodia un número elevado de efectivos policiales, pero nunca llegaron los viáticos para los gastos de comida. Mandó a preguntar si era factible usar el convoy del Regimiento 29 de Infantería para abaratar los costos del viaje, pero nunca obtuvo respuesta. La excesiva burocracia, sumada al poco interés puesto de manifiesto por las autoridades en la solución de estos problemas, llevaron al Juez Letrado a postergar en más de una oportunidad el traslado de los detenidos y la clausura del Juzgado. También lo convencieron de que no le quedaba otra alternativa que arreglárselas como pudiera.

Aprovechando esta situación los vecinos de Chos Malal tuvieron la oportunidad de ejercer su última resistencia. No tenemos elementos suficientes para sostener que efectivamente se trató de un boicot, pero hubo algunos episodios que demuestran que un grupo de pobladores estaba dispuesto a hacer fracasar el traslado de los presos, que tan paciente y solitariamente preparaba el juez Pardo. No era cuestión de colaborar en el éxito de este último despojo, que significaba el vaciamiento definitivo de la primera Capital.

El juez Pardo en un telegrama que le envió a Bouquet Roldán desde Chos Malal, le manifestó su preocupación por la dificultad para conseguir carros, ya fuera por la reticencia de la policía, la negativa de los propietarios a ofrecerlos en alquiler o el alto precio de venta:

«Oficial Dewey no quiere proporcionar carros para conducción de presos […] he conseguido alquilar un carro por cuarenta y cinco pesos que conceptúo muy exagerado. Existe otro carro que el propietario no quiere alquilarlo […] y lo ofrece en venta por dos cientos treinta pesos.”

Hubo algunos comerciantes que se negaron a despachar a la autoridad carcelaria alimentos y víveres para el viaje. Otros, en cambio, modificaron las condiciones de venta y aumentaron los precios de alquiler. No faltaron aquellos que exigieron el pago al contado, a sabiendas de que este requisito era imposible de cumplir por parte de los funcionarios judiciales. El juez Pardo le comunicó a Bouquet Roldán estos contratiempos:

«El crédito de quinientos pesos que solicité a V. S me abriera en una casa de negocio de la localidad, no va a ser suficiente, por lo que pido se sirva hacerlo por el doble de esa cantidad porque también el dueño de las mulas cargueras que llevarán las existencias del juzgado me pide un anticipo para dar a los peones y proveerse de víveres para el camino […] he contratado también treinta caballos para la escolta, he hecho este arreglo que indudablemente es más ventajoso porque aquellos con quienes estaba en trato subieron las condiciones al querer formalizar […] respecto del dinero que necesitaré que se limita al precio del carro la dificultad es que el dueño exige el precio al contado.»

Después de tantos inconvenientes, finalmente la caravana pudo salir de Chos Malal el día 4 de octubre. Con un precario equipo de transporte y custodiados celosamente por más de 30 soldados del Regimiento 29 de Infantería, marcharon los 40 presos por el desértico camino de Añelo. Fueron 13 días de penurias y mortificaciones, donde faltó el agua y la atención médica. Cuatro de los reos, considerados los más peligrosos por su frondoso prontuario, fueron obligados a viajar engrillados gran parte del trayecto. Aunque no se merecían el padecimiento de ese largo y penoso viaje ésta era una práctica habitual, reglamentada judicialmente, que se imponía a los delincuentes que se presumía podían intentar fugarse. Algo difícil de llevarse a cabo en este caso.

Traslado de los presos de la Cárcel de Chos Malal a Neuquén, Nueva Capital El convoy va en marcha y se encuentra en Chacay-Có, (5 leguas de Chos Malal) al divisar el aparato fotográfico se detiene, y los presos trepan apresuradamente en el carro único que para ellos está destinado (son cuarenta presos) los demás carros van cargados con equipajes y se puede notar sin embargo algunos presos subiendo en uno, atestado hasta más arriba de las barandas.
Traslado de los presos de la Cárcel de Chos Malal a Neuquén, Nueva Capital El convoy va en marcha y se encuentra en Chacay-Có, (5 leguas de Chos Malal) al divisar el aparato fotográfico se detiene, y los presos trepan apresuradamente en el carro único que para ellos está destinado (son cuarenta presos) los demás carros van cargados con equipajes y se puede notar sin embargo algunos presos subiendo en uno, atestado hasta más arriba de las barandas.

El convoy arribó a Neuquén el día 17 de octubre y, debido a que todavía no estaba inaugurada en la Capital la nueva cárcel pública, se alojó a los detenidos en un miserable galpón de zinc, que se convirtió en un foco de enfermedades y sufrimientos. Este duro encierro iba a motivar, poco tiempo después, los primeros intentos de fuga. El diario La Prensa de Buenos Aires volvió a la carga contra el presidente Roca y el gobernador de Neuquén. Cuestionó la fundación de la nueva Capital «en esos arenales» y fustigó duramente el traslado inhumano de presos.

La mudanza definitiva de la Capital se había consumado. En Chos Malal ya no quedaban vestigios de lo que había sido, durante casi dos décadas, un pueblo con futuro. No obstante no cesaron los reclamos. En noviembre de 1904, el diario La Prensa se hizo eco nuevamente de las protestas de los pobladores. Por otra parte, en febrero del año siguiente enviaron una nota al Ministro del Interior exigiendo, ingenuamente, la restitución de la Capital. Pero ya era demasiado tarde para semejante pretensión: esta causa ya estaba perdida.

 


Fuente: Chos Malal, entre el olvido y la pasión – Historia de la primera capital del Neuquén, desde sus orígenes hasta los años 70 – Carlos Aníbal Lator – Cecilia Inés arias – María del Carmen Gorrochategui – Daniel Esteban Manoukian


 

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