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Elecciones en el siglo XIX: La política es de todos, el poder de unos pocos.

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La ley 1.532 de Territorios Nacionales fue la norma que reguló la administración y funcionamiento de los espacios incorporados militarmente por el Estado Nacional. Según esta legislación, el Gobernador, la Policía y los jueces letrados debían ser nombrados por el Poder Ejecutivo Nacional. En cambio, los distritos con más de 1.000 habitantes estaban habilitados para elegir a los jueces de paz y sus respectivos Concejos Municipales a través del voto popular.

En el paraje Ñorquín, cabecera militar donde Olascoaga emplazó su campamento en agosto de 1886, se constituyó el primer Concejo Municipal electivo del Territorio Nacional del Neuquén. El escrutinio consagró como concejales a Vicente Birro, que ocupó el cargo de Presidente; y a Eusebio de Castro, Guillermo Grigor, José Balestra y Antonio Della Chá, en calidad de vocales. Cuatro años más tarde, instalada la capital del Territorio del Neuquén en Chos Malal, se eligió un nuevo Concejo Municipal presidido por Francis Albert y secundado por Justino Ferrari, Anselmo Oses, Aquiles Mazzola, Florentino Vivaceta y Carlos Olea.

Francis Albert, primer Presidente del Concejo Municipal de Chos Malal.
Francis Albert, primer Presidente del Concejo Municipal de Chos Malal.

El procedimiento para elegir las autoridades municipales se iniciaba con un decreto del gobernador, por el que convocaba a los habitantes mayores de 18 años -domiciliados en el distrito- a participar en la elección. En esa norma se establecía la fecha, el horario y se nombraba una mesa receptora de votos. Además, una comisión empadronadora confeccionaba un registro donde constaba el nombre, la profesión, la edad y el domicilio del elector.

El comicio se practicaba en el atrio de la Iglesia Parroquial, y el acta de inicio y clausura se confeccionaba con la presencia de los integrantes del Concejo saliente. Hasta que finalizaba la elección, las llaves de la urna quedaban en manos del presidente de Mesa y del juez de Paz. El gobernador, a través de un decreto, reconocía a los concejales electos y establecía la fecha para que prestaran juramento en el edificio municipal.

El 26 de mayo de 1895 se convocó al pueblo de Chos Malal a elecciones municipales. En esa ocasión, la Lista Popular y la Lista del Pueblo se disputaron los cinco puestos del Concejo local. Eran comicios que, a poco de andar, se convertían en verdaderas batallas campales donde cada agrupación trataba de colocar a sus partidarios en lugares estratégicos, como la Comisión Empadronadora o la mesa encargada de recepcionar los votos. De todas formas, el resultado final se dirimía en las calles y estaba en relación directa con la cantidad de recursos económicos que cada agrupación estaba dispuesta a “invertir” para asegurarse el triunfo. En esa oportunidad, el diario Neuquén realizó un extenso informe, describiendo con lujo de detalles las prácticas clientelísticas y las modalidades que adquirió el reclutamiento de voluntades, los días previos a la elección:

“Los trabajos se iniciaron animosamente desde el principio, tanto que la víspera del día señalado para la elección, nadie hubiera podido asegurar a ciencia cierta, a cuál de los dos bandos correspondería el triunfo […]. Se destacó en las calles del pueblo la silueta de los que acaudillaban las diferentes agrupaciones, que enhorquetados en caballos enjaezados con aperos de reluciente plata, cual ayudantes del general en jefe de un ejército empeñado en colosal batalla, se dirijían [sic] de un lugar a otro, a la carrera, tomando las últimas disposiciones […]. Desde la noche anterior se habían mantenido reunidos la mayor parte de los elementos con que contaban cada uno de los bandos que se disputarían el triunfo en el comicio; vaquillonas asadas con cuero, empanadas y barriles de vino, puestos a disposición de los trasnochadores votantes, pasaron a sus estómagos haciendo menos monótonas las horas que los separaba de la instalación de la mesa.”

Era frecuente que estas reñidas contiendas -donde no faltaban las intimidaciones, la falsificación de padrones y la manipulación de las disposiciones electorales- terminaran con denuncias e impugnaciones por parte de las listas que intervenían en el comicio. Era un enfrentamiento donde no se escatimaban argumentos para contrarrestar al adversario, ni había límites para obtener la victoria:

“Los fiscales de cada bando hacían esfuerzos de dialéctica para el rechazo de los electores del partido contrario […]. Las personas dirigentes de la agrupación que sostenía la llamada Lista del Pueblo, se dieron cuenta de que la otra contraria había obtenido ventaja en el número de sufragantes sobre la suya, y presentaron una petición a la mesa solicitando la suspensión de la elección, fundándose en la presión de la autoridad. Por su parte la mesa rechazó más de cuarenta personas, en su mayor parte de los que sostenían la lista popular, por no hallarse en condiciones legales.”

Otra forma de participación que tenían los vecinos en el ámbito comunal era la elección de los jueces de Agua, contemplada en el Código Rural de los Territorios Nacionales. En el caso de Chos Malal, se designaba uno por el canal norte y otro por el canal sur. Duraban un año en sus funciones y eran elegidos a través del sufragio de los regantes inscriptos en un padrón electoral. Para la conformación definitiva de este registro se establecía un período de tachas que duraba diez días. Luego, con la presencia del juez de Paz y el presidente del Concejo Municipal, se efectuaba el sorteo de los tres integrantes de la mesa receptora de votos. El acto electoral se llevaba a cabo en el edificio de la municipalidad.

¿Quiénes ocuparon los principales cargos en estas primeras formas de participación popular? Se observan pobladores de diferentes nacionalidades que se repiten rotando y alternando en los puestos, luego de cada renovación parcial o total del Concejo Municipal. Conforman un incipiente grupo de notables que se dedican, entre otras actividades, al comercio y la ganadería, prestan servicio como empleados de la Gobernación, o son proveedores del Ejército. Cabe destacar que algunos de ellos tendrán un especial protagonismo, interviniendo activamente en la puja electoral, como por ejemplo los periodistas Francis Albert, Florentino Vivaceta y, especialmente, José Cámpora, que se desempeñó como concejal en varias oportunidades.

Padrón Municipal de Chos Malal de 1899
Padrón Municipal de Chos Malal de 1899

El diario Neuquén dirigido por el citado Cámpora tuvo un rol preponderante en el desarrollo de una naciente opinión pública. Publicará los decretos de convocatoria a elecciones municipales, dará a conocer las listas de candidatos y llevará a cabo una intensa campaña tendiente a motivar a los vecinos a la participación electoral. Como señala Mirta Kircher:

“El fuerte protagonismo de los periodistas en la configuración de la vida política chosmalense se explica, entre otras razones, por el importante desarrollo que tuvo la prensa escrita en la última década del siglo XIX y que acompañaría en su formación a la dirigencia local […] quienes se dedicaban a la política conocían muy bien el poder movilizador de la prensa y sabían que no podían dejar de tener en cuenta a la opinión pública, aunque se tratase de un concepto difícil de cuantificar. Existía un público en formación, interesado en los procesos electorales, es decir, sectores de opinión a los que era necesario persuadir y convencer durante el proceso electoral. Incorporando a estos sectores, se fortalecería la etapa inicial del proceso de legitimación política del poder local en el territorio.”

Organizar la vida municipal no fue una tarea sencilla. Tanto en Chos Malal como en otros lugares del territorio, estas primeras experiencias políticas tuvieron similares dificultades. La falta de precisión de la ley 1.532 con respecto a la jurisdicción del Concejo Municipal, la constante crítica de la prensa a la gestión de los gobernadores y, principalmente, la injerencia de estos últimos en el ámbito comunal desautorizando el poder de decisión de los representantes electos, crearon un complicado panorama que trajo como consecuencia permanentes conflictos institucionales y situaciones anárquicas, que se tradujeron en reiteradas renuncias de concejales y extensos períodos de acefalía. En efecto, mientras Chos Malal se mantuvo como Capital, el gobernador se convirtió en el único árbitro que, de acuerdo a sus conveniencias, legitimaba o invalidaba el funcionamiento de un determinado Concejo Municipal.

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Esa es otra historia

Extraído de: Chos Malal, entre el olvido y la pasión – Historia de la primera capital del Neuquén, desde sus orígenes hasta los años 70 – Carlos Aníbal LatorCecilia Inés ariasMaría del Carmen GorrochateguiDaniel Esteban Manoukian


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