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Chos Malal era un hervidero – Última década del siglo XIX

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En 1891, el coronel Manuel J. Olascoaga terminó su mandato y decidió regresar a Mendoza, fijando residencia en su ciudad natal. Hasta 1904, año en que se traslada la capital, se sucedieron cinco gobernadores: Justo Sócrates Anaya (1891 -1892), Franklin Rawson (1893-1899), Lisandro Olmos (1899-1902), Juan Ignacio Alsina (1902-1903) y Carlos Bouquet Roldán (1903-1906).

En 1890 se desató en Buenos Aires una revolución encabezada por la incipiente Unión Cívica Radical, que provocó la destitución del presidente Juárez Celman, acosado por una fuerte crisis económica. Como consecuencia de estos hechos, los territorios nacionales tuvieron que pagar los platos rotos y ver disminuidos sus exiguos presupuestos, insuficientes para atender adecuadamente la administración de gobierno.

Chos Malal no estuvo ajena a estas dificultades. Durante los últimos días de la gestión del coronel Olascoaga, estalló un motín impulsado por un grupo de ofuscados policías que no percibían sus haberes desde hacía un tiempo. Los rebeldes, totalmente descontrolados, llegaron incluso a tomar la Casa de Gobierno por asalto. La conjura fue sofocada, pero dejó como saldo un sargento muerto y varios heridos.

Vista panorámica de Chos Malal tomada desde el Torreón a fines del siglo XIX. En primer plano la Jefatura de Policía, Cárcel y Maestranza. A la izquierda, plaza San Martín y calle 25 de Mayo. A la derecha, viviendas sobre la calle Villegas y sector de quintas.
Vista panorámica de Chos Malal tomada desde el Torreón a fines del siglo XIX. En primer plano la Jefatura de Policía, Cárcel y Maestranza. A la izquierda, plaza San Martín y calle 25 de Mayo. A la derecha, viviendas sobre la calle Villegas y sector de quintas.

Al mismo tiempo, la escasa presencia del Estado Nacional en la zona, hizo recrudecer el bandolerismo. Para esa época, los informes de los gobernadores, referidos a la seguridad en la frontera, eran patéticos. Se asesinaban familias enteras, se saqueaban las casas, se asaltaban comercios. La policía no tenía hombres ni recursos, por lo tanto hacía lo que podía. Muchas veces, los mismos vecinos debían armarse y perseguir a los criminales que se beneficiaban con la impunidad que les concedía la extensa cordillera, o el amparo que les suministraba el poder político.

A las carencias económicas y a la falta de protección de la comunidad se sumaron otros inconvenientes que venían de larga data: excesiva burocracia, escaso control de gestión e impericia de muchos funcionarios que desconocían la realidad donde tenían que actuar. Todas estas situaciones fueron el caldo de cultivo para que se cometieran arbitrariedades y casos de corrupción.

En 1890 se conformó en Chos Malal el primer Concejo Municipal. Sus integrantes, cumpliendo con lo establecido por la Ley de Territorios Nacionales, fueron elegidos a través del voto popular. La condición de Capital y este temprano surgimiento de una dirigencia local crearon la necesidad de contar con una herramienta periodística capaz de mediar entre el Estado y la sociedad civil.

El 7 de diciembre de 1889 salió por primera vez el periódico La Estrella de Chos Malal. Fue un diario fundado por Olascoaga en su primer gobierno y tuvo como director a un tipógrafo chileno llamado Florentino Vivaceta Cosio. En cuanto a la prensa original que se utilizó, ésta fue trasladada desde Carmen de Patagones a Chos Malal, sobre carros tirado por bueyes a lo largo de un fatigoso y penoso viaje. A pesar de que este semanario sirvió principalmente a los intereses del gobierno, difundiendo decretos, resoluciones y demás actividades oficiales, fue el germen de una militancia periodística que, con el correr de los años, se convirtió en un importante vehículo de información y construcción política.

Del mismo modo, las corresponsalías de diarios nacionales a cargo de esos sectores caracterizados, permitieron establecer vinculaciones con los factores de poder nacional. En las páginas de los diarios porteños La Nación, La Prensa, El País, Tribuna, entre otros, se ventilaron gran parte de los conflictos y enfrentamientos políticos que afligieron a los pobladores de Neuquén. El gobierno nacional, asediado por sus propias disputas electorales, en más de una oportunidad se vio obligado a intervenir en estas “rencillas domésticas” que repercutían en la Capital Federal.

Desaparecida La Estrella de Chos Malal, el 6 de diciembre de 1893 comenzó a circular el diario Neuquén. A pesar de que esta publicación dejó de aparecer en 1900, por lo menos hasta el traslado de la Capital se apropió de una importante cuota del poder político local, ejerciendo gran influencia en el surgimiento de liderazgos municipales. Sin dejar de asumir por momentos una actitud facciosa, denunció las irregularidades y puso en jaque a más un gobernador, sacando a la luz los abusos que cometían las más altas autoridades gubernamentales.

Estos primeros espacios periodísticos serían ocupados rápidamente por quienes intentaron, más tarde, detentar el poder y gravitar en la opinión pública. Entre los redactores más notorios que tuvo Neuquén podemos mencionar a Francis Albert, Clemente Onelli, José Miró, Estanislao Maldones y Enrique Dewey. Su director propietario, José Cámpora, un periodista uruguayo que llegó muy joven a Chos Malal para ocupar el cargo de Oficial de Justicia del Juzgado Letrado, ejerció la presidencia del Concejo Municipal en varias oportunidades. Desde su banca combatió duramente la gestión del general Sócrates Anaya, acusándolo de graves falencias e irregularidades administrativas. A raíz de estos cuestionamientos fue amenazado, torturado y perseguido por las “policías bravas” del Gobernador. Debido a las permanentes intimidaciones incluso se vio obligado a renunciar a su puesto de Concejal.

Diario La Estrella de Chos Malal.
Diario La Estrella de Chos Malal.

El Defensor de Pobres, Menores y Ausentes tuvo la responsabilidad de impulsar los graves cargos de corrupción que pesaban contra Anaya. Sorprendentemente, el Ministro del Interior actuó esta vez con celeridad y el entonces presidente de la Nación, Luis Sáenz Peña, suspendió en el ejercicio de su función al polémico Gobernador en julio de 1893, fundamentando su decisión en la necesidad de que había que “velar por el decoro y la honradez de la administración nacional”. Pero las sanciones no terminaron allí: le descontaron durante varios meses la cuarta parte de su sueldo, por no rendir el pago del personal y los gastos de la administración. En Chos Malal, los vecinos, no se quedaron atrás: como Anaya, en una actitud egocéntrica, le había puesto por decreto su propio apellido a una calle céntrica, los pobladores, indignados, cambiaron la denominación “Anaya” por la de “25 de Mayo”. Consideraron injusto que el infortunado gobierno de aquél pasara a la historia con el nombre de una calle que, además, era la primera del pueblo.

Las gestiones de Franklin Rawson y Lisandro Olmos tampoco estuvieron exentas de complicaciones y enfrentamientos con la prensa. En efecto, en 1893 apareció en Ñorquín El Agrio, un periódico quincenal impreso en Chile. Su director era el mendocino Juan Isidro Gómez, un hacendado de la zona que nunca había ocultado el objetivo principal de la publicación: fustigar el funcionamiento de la justicia y las arbitrariedades que cometía el gobernador Rawson. En varias oportunidades, el periodista Gómez fue acusado de desacato y encerrado en el torreón del cerrito de Chos Malal que, en esa época, hacía las veces de cárcel.

A los pocos meses de asumir como gobernador, el coronel Olmos destituyó a la autoridad policial y nombró como jefe a su sobrino Arturo. En reacción a esta medida, por los pésimos antecedentes que tenía el funcionario designado, todos los integrantes de la Comisión Municipal presentaron su renuncia. En una actitud provocativa y sin mostrar demasiada preocupación por la situación planteada, el Gobernador confirmó al policía y lo hizo cargo de la extinguida municipalidad.

A pesar de los padecimientos sufridos como consecuencia de su militancia periodística durante el gobierno de Anaya, el periodista José Cámpora no se atemorizó. Continuó investigando y censurando a través del diario Neuquén el proceder del poco transparente Jefe de Policía. Además, denunció la complicidad de los jueces con el sector político y la borrosa frontera entre los bienes públicos y los intereses privados.

En 1901 un grupo de cuatreros procedente de Chos Malal fue detenido en Mendoza al ser sorprendido mientras consumaba un importante robo de ganado. Durante la sustanciación de la investigación, Pedro Ureta, uno de los delincuentes que encabezaba la banda, hizo comprometedoras declaraciones. Aseguró “que tanto el Jefe de Policía como el Juez Letrado de Neuquén lo habían comisionado para hacer ‘negocios’ de hacienda en esa forma, garantizándole la mayor impunidad y salvarlo de cualquier responsabilidad”. También agregó que:

“… llegamos a Chos Malal para dar cuenta de lo ocurrido al Gefe [sic] de Policía, Arturo Olmos, porque debe saber ud. que yo había ido a la Pampa y al Sur de Mendoza para comprarle ganado gordo, abundante y barato! […] Él me había prometido que del buen éxito de la compra! dependería que me hiciera nombrar Comisario de Policía de la Gobernación…”

La alta conflictividad que adquirió la relación entre las autoridades y los sectores opositores no se agotó con la el gobierno de Lisandro Olmos. Asimismo, surgieron nuevas posibilidades de participación que, sin abandonar a la prensa como recurso, tomarán un cariz mucho más convulsionado, especialmente cuando en Chos Malal se empiece a instalar el tema del traslado de la Capital.

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Esa es otra historia

Extraído de: Chos Malal, entre el olvido y la pasión – Historia de la primera capital del Neuquén, desde sus orígenes hasta los años 70 – Carlos Aníbal LatorCecilia Inés ariasMaría del Carmen GorrochateguiDaniel Esteban Manoukian


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