Historias

“Infierno Blanco”

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El piñón es el fruto del pehuén. Se lo encuentra en piñas que rinden de 200 a 300 piñones y no es raro encontrar 20 o 30 piñas en un árbol, señala el gran Gregorio Álvarez. Además, este autor señala que el hábito del consumo ya aparece descrito desde el año 1563 por el español Mariño de Lovera, notando los múltiples usos culinarios de este fruto, tales como pan, vino y guisados, guardado en silos subterráneos para el resto del año el fruto de la cosecha. Dependiendo los lugares y los árboles, esta comienza al inicio del otoño y se extiende hasta cuando las nevadas lo permitan. Es posible regresar al inicio del verano, cuando la nieve comienza a derretirse, y encontrar piñones en perfecto estado de conservación para el consumo.

Corría el año 1956 en el Territorio Nacional de Neuquén, en el mundo  los primeros meses de ese año se sucedían algunos sucesos importantes, España ingresaba a la OTAN,  EEUU continuaba realizando pruebas atómicas en su país, Pakistán se proclamaba República Islámica, y en Argentina gobernaba el gobierno de facto del General Pedro Eugenio Aramburu quien llegara al poder a través de la llamada Revolución Libertadora, deponiendo el General Domingo Perón.

Dentro del Territorio (y en la actualidad) había un paraje llamado “Barda Negra” situado a unos 25 kilómetros al Sur de la ruta nacional 22, accediéndose por la actual ruta provincial 34, entre las localidades de Zapala y Cutral Có. Allí habitada muy precariamente una familia muy pobre siendo el jefe de familia de apellido Huayquillán, compuesta por cinco miembros, los cuáles salieron caminando de su lugar de origen los primeros días de marzo, rumbo a la cordillera en busca de piñones, alimento que los pueblos originarios consumen desde tiempos inmemorables, ya que brindan una excelente cantidad de calorías. Había que ir a buscarlos a la zona cordillerana. Las araucarias (pehuenes), solo se encuentran desde Copahue hasta la zona sur neuquina.  

Casa del guardaparque donde redactó la carta Abel Cardoso en el año 1955.
Casa del guardaparque donde redactó la carta Abel Cardoso en el año 1955.

Ese año Abel Cardoso era guardaparque afectado al Parque Nacional Laguna Blanca (situado a 40 km al Suroeste de Zapala accediéndose por ruta provincial Nro. 46), y en el mes de mayo se sentó a redactar la carta más difícil de su vida, no le debió haber resultado nada sencillo. La letra apurada lo daba a entender, nunca es grato comunicar una desgracia y menos si son cinco los fallecidos habiendo niños de por medio. Tampoco en esos años habían equipos de radio ni teléfonos en el parque nacional. Para comunicarse con la autoridad policial, no quedó más remedio que escribir una carta breve y concisa, en la hoja oficial cuyo membrete decía el lema guía “Conocer la Patria es un deber”, “Ministerio de Agricultura y Ganadería. Administración General de Parques Nacionales”. Así escribió:

“Parque Nacional Laguna Blanca

Señor Comisario a cargo de la Comisaría de Zapala

S/D

    Tengo el agrado de dirigirme a Usted con el fin de elevar a su conocimiento que han encontrado muerta la familia de Ignacio Huayquillan, una nena, dos varones, la señora madre, al mencionado padre de esos desgraciados hijos en el mismo lugar del nacimiento del Ñireco Norte, teniendo conocimiento de esto cumplo en dirigirme a Usted para su conocimiento y demás efectos.

Aprovecho el motivo para saludarlo a Usted muy atte.

Firma Abel Cardoso«

En un terreno donde la naturaleza cobra caro todo lo que entrega, tener abundancia de un alimento nutritivo, sabroso y sobre todo gratuito era motivo de agradecimiento y ruego a sus deidades, a la vez que un motor para recorrer largas distancias. En general se los recogía cuando se llevaban los animales a regiones más elevadas para que se alimentaran. Esta actividad pastoril trashumante ancestral se la denomina “…ir a la veranada…”, siendo movilizados ganado menor y mayor tales como chivos, corderos, vacas y caballos, de a pie desde la invernada.-

Pero este no era el caso de los Huayquillán, no contaban con ese capital. La vida no les era fácil para este grupo familiar en Barda Negra. Habían comenzado su “gira anual” de a pie (según los testimonios recogidos por la Policía de Zapala) en los primeros días de marzo como lo hacían todos los años. Cada vez que los pehuenes empezaban a dar sus primeros frutos maduros, ellos eran los primeros en llegar a su tarea de recolección. Caminaban todos juntos. A pesar de la pobreza material que tenían en este mundo, eran felices con su familia, el padre Ignacio Huayquillán, la mujer y madre de sus hijos Rosa Relmo (ambos tenían unos 33 años), y con ellos sus compañeros inseparables de viaje, sus pequeños hijos, la niña mayor Rosa de 5 años de edad, su hermano Juan de 4 años y el más pequeño, José Santos que contaba en el momento de su muerte, con solo un año y medio.

Ese año 1956 habían estado piñoneando durante casi dos meses, tenían solamente un caballo en el que llevaban sus precarias pertenencias, y a la vez les servía de “pilchero” para cargar su preciado cargamento de “piñones”. No tenían mantas de abrigo, algunas “matras” que había tejido quizá las misma Rosa y la vestimenta diaria, que era escasa y no apta para bajas temperaturas.

Casa del guardaparque en la actualidad (al fondo se observa la cordillera del Chachil, escenario de la tragedia)
Casa del guardaparque en la actualidad (al fondo se observa la cordillera del Chachil, escenario de la tragedia)

La primera semana de mayo emprendieron el regreso. Venían detrás de Anacleto Gómez, un criancero del paraje Carro Quebrado situado en la margen izquierda del arroyo Picun Leufú (a la vera de la ruta nacional 40). Este traía una “punta de ovejas” y había visto a la familia Huayquillan cuándo juntaban piñones en un lugar llamado “Cajón de Peñaloza”, en la cordillera del Chachil. Eran conocidos por ser vecinos. Mientras Don Gómez arriaba su “piño”, la familia venía detrás de él. Fueron subiendo en altura desde que cruzaron el río Catan Lil, y es probable que hubieran estado de visita en el paraje Kilca, dado que Rosa era nacida en ese sector. Quizá la visita a los familiares del otro lado de esa cordillera había dado alegría y bienestar espiritual a la pobreza material que los embargaba, tal vez fue un soplo de ternura a esos tres niños inocentes que acompañaban a sus padres, por esas rústicas cordilleras escarpadas y de terreno tan difícil.

Pero una tormenta repentina de viento y nieve no les dio tiempo a reaccionar. Estaban a 2800 metros de altura sobre el nivel del mar, con niños pequeños, sin abrigos ni ropa adecuada para un temporal de viento blanco feroz, brutal y repentino. No había chances de escapar, y el infierno blanco llegó…

Don Anacleto Gómez, que con sus 62 años bien llevados, era un excelente conocedor de la zona y había recorrido incontables pasos con ganado, se dio cuenta que esta no era una tormenta común y pasajera, por lo que debió abandonar su “piño” de animales y escapar de una muerte segura.

Y todo se cubrió de nieve y viento frío…muy frío…El viento blanco es impiadoso, desorienta al más baqueano y en ocasiones cobra caro la osadía de los valientes, los improvisados y los perdidos.

Sin ropa adecuada, extraviados en las quebradas abruptas del Chachil y con niños, los Huayquillan fueron totalmente desafortunados. Don Gómez volvió dos días después al lugar a buscar lo que quedara de su “piño” de animales, pero se encontró con un cuadro dantesco y desolador. En el infierno helado que era la cumbre, este involuntario testigo se encontró con “…una persona tirada sobre la nieve, por lo que, al aproximarse reconoció que era Ignacio Huayquillán, el que al parecer se hallaba sin vida, observando asimismo, que como a uno dos metros de este, se hallaban también tendidos en el piso, tres criaturas también sin vida…” Agrega que a un metro sobre la nieve había una manta tejida a telar.    

Rosa la madre, no estaba junto al resto de la familia. La hallaron tapada en nieve a unos 150 metros en una pequeña hondonada. Probablemente fue la última que se rindió ante la terrible nevada. La orientación del cuerpo permitía adivinar un intento de desandar el camino, regresar, buscar una salida, conseguir la salvación para su familia.

Intervino la Policía Territoriana de Zapala, quienes tomaron conocimiento del suceso a través de la carta de Abel Cardoso. Ante ello se movilizaron hasta el lugar de los hechos dos comisarios, dos escribientes y tres agentes, utilizando el jeep de la Policía territorial. Por el lado de la justicia fueron un médico forense, un juez nacional de primera instancia, un fiscal, un juez de paz encargado del registro Civil, y también colaboraron muy activamente siete vecinos, el guardaparque nacional, un teniente primero y un subteniente del Ejército Argentino movilizados en un camión del Ejercito. Se usaron varios caballos y mulas.

Labraron en sus precarias máquinas de escribir un expediente judicial muy prolijo, caratulado “Huayquillan Ignacio y otros s/muerte por congelamiento”, expte Nro. 447, año 1956, con intervención de la Justicia Letrada Nacional, en el cuál se escribieron actas, se tomaron testimonios y se enviaron cinco telegramas, entre otras diligencias policiales. Estos investigadores que concurrieron al lugar de la tragedia, dejaron constancia en su inspección ocular detallando “…la humildad de las ropas…” y lo “…escaso del abrigo…” que llevaban. Don Gómez dijo “…han muerto de frío ya que tenían pocas pilchas…” Cuándo revisaron sus bolsillos y ropas el resultado fue lógico: “sin hallarse dinero ni otros efectos personales”

Comisaría de Zapala en el año 1955.
Comisaría de Zapala en el año 1955.

Fue muy trabajoso bajar los cuerpos desde la cumbre de los cerros que componen la cordillera Chachil. Había nevado mucho, tanto que en sectores era intransitable para los vehículos y en partes aún para las cabalgaduras de las bestias.               

Los cuerpos del padre y los pequeños niños Rosa, Juan y José Santos fueron rescatados en la primera expedición. En cuanto a la madre Rosa, intervino el Ejército Argentino con personal equipado y especializado, en una segunda salida.

El médico forense al elaborar su informe fue lapidario: “muerte por congelamiento total del organismo”

Todos fueron enterrados en la zona por sus familiares luego de dos días de velatorio.

Transcurridos 64 años de esta lamentable y anónima desgracia, el clima imprevisto en la zona sigue cobrándose víctimas, la última de ella recientemente en circunstancias similares a la narrada en esta historia, un temporal de nieve arropo con su infierno blanco a un poblador rural del Parque Nacional Laguna Blanca, llevándose su vida… se llamaba Marcos Ñancucheo y tenía 55 años.

Juancito

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Esa es otra historia

Basado y adaptado del libro: Historias Secretas del Delito y la Ley. Peligrosos y desamparados en la Norpatagonia. 1900-1960. Susana Debattista – Marcela Debener – Diego Fernando Suárez. Primera Edición año 2004


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